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miércoles, 24 de octubre de 2012

La falta de inversiones


por Héctor Blas Trillo

Si bien mucho se ha tratado el tema de la falta de inversiones, parece necesario volver una vez más sobre lo mismo.
En los últimos tiempos ha habido demasiados indicios de que la inversión extranjera en la Argentina puede no ser bienvenida. Es bastante sencillo citar al menos los casos más relevantes: 


1.                  La confiscación de las acciones de Repsol en YPF sin indemnización alguna.
2.                  La prohibición de girar dividendos al Exterior.
3.                  El cepo cambiario.
4.                  Las declaraciones del llamado viceministro de economía en el sentido de que si el gobierno quiere puede fundir al empresario Paolo Rocca.
5.                  El cierre de importaciones de insumos básicos para la producción de los más variados artículos.
6.                  Los controles de precios, de costos, de márgenes de utilidad y la intromisión directa en las decisiones de empresas privadas.
7.                  Las actitudes del secretario de comercio y de otros funcionarios en empresas donde el Estado tiene alguna participación en virtud de haberse apropiado de los fondos de las AFJP.
8.                  El ataque consuetudinario a ruralistas desde amplios sectores del poder político.
9.                  El no reconocimiento de la inflación en los balances, lo cual da lugar a la aplicación de impuestos a ganancias que no son tales.
10.               El cambio permanente de las reglas del juego.
11.               El no respeto de los contratos de empresas concesionarias.
12.               La clara discriminación de empresarios que manifiestan alguna forma de queja o falta de acuerdo con actitudes del gobierno.

Sin duda hay muchos ejemplos más, de manera que la enumeración no es en absoluto taxativa, sino tan sólo descriptiva.  A todo ello hay que agregar un par de condimentos, por así decirlo, de los últimos días.

Por un lado la inadmisible decisión del gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, de abonar una amortización de títulos provinciales emitidos en dólares con pesos al cambio “oficial”. El daño producido por semejante acción es inconmensurable, además de constituir, casi con toda certeza, una forma de estafa.

En efecto, abonar en moneda nacional al cambio “oficial” bonos emitidos en dólares y  que por lo tanto debían ser cancelados en igual moneda constituye una violación del contrato celebrado al emitir tales bonos, pero además, a ello se suma el hecho de que no se abona la deuda al valor de mercado del dólar, que como se sabe ronda los $ 6,50 en operaciones perfectamente legales, como las que se producen en el mercado conocido como “contado con liquidación”. En realidad se trata de un verdadero default, para decirlo en términos suaves, por el cual los tenedores de tales títulos perciben prácticamente un 30% menos del valor que les correspondería cobrar.

Porque aún en el caso de que efectivamente el gobierno provincial no tuviera los dólares para el pago, el pago en pesos debería haber sido hecho al valor corriente de la moneda norteamericana.

A este dato realmente insólito, se suman las declaraciones del vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, quien ha salido a apoyar la decisión del funcionario chaqueño de manera explícita, aunque luego haya debido desdecirse. Si bien Mariotto no cumple funciones ejecutivas, todo el mundo sabe que tiene gran relevancia por haber sido designado como tal por la señora presidenta de la Nación.

Desde las esferas del oficialismo suele defenderse el llamado modelo de inclusión social, cuando está a la vista la desinversión que viene produciéndose desde hace prácticamente una década en rubros tales como el energético. Por su parte, la evidencia de la falsedad de los índices de costo de vida, han llegado al absurdo de mostrar que una persona supera el nivel de indigencia con un valor diario de poco más de 6 pesos.

La no adecuación a la realidad de tales índices produce a su vez daños colaterales, ya que títulos públicos emitidos por el gobierno de Néstor Kirchner ajustables por CER no han reconocido el rendimiento que hubiera correspondido, constituyendo también una forma de default, por llamarle suavemente al hecho de que un gobierno de manera consciente está pagando menos de lo que debe por un préstamo recibido con un compromiso de ajuste.

La presidenta de la Nación, por su parte, ha afirmado en su reciente exposición en EEUU, que una inflación del 25% anual provocaría un colapso. Es sabido, sin embargo, que la Nación ha debido soportar alícuotas parecidas incluso mensualmente en los años 80 y comienzos de los 90.  El problema está en que una afirmación de este tipo hace que quienes llevan a cabo estudios y elaboran estadísticas que muestran otra realidad, terminen considerando poco menos que temerarias tales afirmaciones. Una cosa es reconocer el problema y tratar (o no) de resolverlo, y otra es negarlo explícitamente como si fuera producto de extrañas conspiraciones describirlo.

El atraso del tipo de cambio oficial (cuya cotización absurdamente, además, sigue llamándose “mercado único y libre de cambios”) está claramente retrasado y la realidad lo demuestra a las claras.

Las restricciones a la venta de moneda extranjera están relacionadas, entre otras cosas, con el bajo precio al que se venden oficialmente.

Otros países de la región, como Brasil, Chile, Perú, Colombia o México, reciben importantes aportes de capital, mientras la Argentina se debate como puede para tratar de explicar al mundo que si llega asistencia financiera a empresas como YPF la inversión será respetada.

La verdad es que nadie parece dispuesto a correr semejante riesgo. Y resulta cuando menos razonable que así sea.

La falta de inversiones, tanto extranjeras como nacionales, tiene mucho que ver con las decisiones políticas que someramente se enumeran en este comentario. No hay ningún misterio ni ninguna mano negra en ello. Una vez más conviene recordar aquello de que en economía puede hacerse cualquier cosa menos evitar las consecuencias.


martes, 14 de agosto de 2012

Deuda pública y pago del BODEN 2012

por Héctor Giuliano 

El gobierno Kirchner ha hecho toda una puesta en escena tan exitista como engañosa en relación al pago de la última cuota de capital e intereses correspondiente al BODEN 2012: anuncio formal, discurso de la presidenta en la Bolsa de Comercio, reloj con cuenta regresiva, declaraciones del Ministro de Economía y eslogan acerca de una supuesta Independencia Económica y Desendeudamiento de la Argentina.



En este caso se pagaron unos 2.200 Millones de Dólares (MD)[i] que representan el 4.4 % del total de vencimientos de capital e intereses correspondientes al corriente año, que son 50.300 MD: 40.100 de capital más 10.200 MD de intereses, según los datos del Presupuesto 2012.

La cifra representa la cancelación de sólo el 1.16 % del total de la Deuda Pública del Gobierno Central, que al 31.12.2011 era oficialmente de 190.000 MD.

Pero el stock de la deuda no bajó con este pago porque las cancelaciones fueron hechas con nuevas obligaciones, tal como todo lo que se paga en concepto de capital.

Esas nuevas obligaciones para poder pagar deuda son contraídas con el Banco Central (BCRA) a cambio de Letras Intransferibles de la Tesorería que no tienen capacidad de repago demostrada.

Esto significa que la administración Kirchner sigue abonando puntualmente, a medida que le van cayendo los vencimientos de capital, sus compromisos con acreedores privados – en su mayoría, fondos especulativos de inversión – a través de mayor Deuda Intra-Estado.

Se trata de una peligrosa maniobra de “empapelamiento” de las agencias oficiales por parte del Tesoro, ya que estos entes públicos administran fondos que no son propios ni discrecionales por parte del gobierno, como es el caso del dinero del sistema previsional (que pertenece a los jubilados), de las reservas del BCRA (que hasta hace poco tiempo estaban para respaldar la Base Monetaria y hoy ya no pueden respaldarla), de las disponibilidades del Banco Nación (BNA, que están para dar créditos productivos a la actividad privada)[ii] y de los márgenes circunstanciales de caja que tienen diversos organismos nacionales para sus fines específicos (AFIP, Lotería, FFRE, PAMI y otros).   

El uso sistemático de reservas internacionales del BCRA para cancelar pagos a acreedores privados y organismos financieros internacionales (principalmente Banco Mundial y BID) – como se ha vuelto a dar con el pago de los Boden 12 - forma parte de la Política de Acumulación de reservas para el pago de Deuda Externa que viene llevando adelante el gobierno Kirchner.


LA INFORMACION OFICIAL.

En su discurso en la Bolsa del 2.8 anunciando el pago de la última cuota de los BODEN 2012 la presidenta Cristina Kirchner anticipó algunos datos que fueron consignados al día siguiente en un comunicado especial del Ministerio de Economía.

Este informe contiene muy pocos números en valor absoluto ya que prácticamente todos los datos se muestran en forma porcentual en relación al Producto Bruto y/u otras variables macroeconómicas, sin mostrar las cifras exactas que le sirven de referencia o base de cálculo.

Esta falencia es particularmente importante para poder comprobar cómo se llega a los importes de Producto Bruto, montos totales y desagregados de la deuda pública, deuda en poder del sector privado en moneda extranjera, intereses efectivamente pagados por año y evolución de los datos respectivos en el período 2002-2011.

Por otra parte, suponiendo que tales coeficientes se hayan obtenido ponderándolos en todos los casos a los valores de referencia de los años citados, existe el problema que las proporciones decrecientes que muestran todos los gráficos y cifras expuestas estarían fuertemente influidas por el tipo de cambio vigente a cada momento de corte, lo que distorsiona en la práctica las comparaciones de datos, ya que no es lo mismo, por ejemplo, comparar valores tomados del 2001 con el tipo de cambio 1:1 o del 2002 a 1.4 $/US$ que hacerlo contra un dólar hoy a 4.60 $.

Pero, repetimos, el principal problema es que todos los datos están mostrados en porcentajes, fundamentalmente en base al índice Deuda/Producto, cuya utilización constante y exclusiva por parte de las autoridades resulta tan discutible como engañosa[iii].

La única excepción a los cuadros que se muestran en porcentajes es el referido a la composición de tenedores de los BODEN 12 que se han pagado.

De este cuadro surge que del total abonado – casi 2.200 MD – el 78 % (1.700 MD) correspondió a tenedores externos y el 22 % (490 MD) a tenedores locales (de los que sólo 112 MD – el 5 % del total abonado – correspondía a cancelación de Deuda Intra-Estado).

La presidenta precisó que los tenedores extranjeros beneficiados por este último pago del BODEN 12 son fondos de inversión extranjeros – de Estados Unidos, Luxemburgo y también de Italia, Francia y Dinamarca – que compraron especulativamente los títulos a los tenedores originales, que eran los ahorristas argentinos atrapados en el Corralón por la Crisis de Deuda del 2001-2002; y que en su gran mayoría vendieron los títulos por razones de necesidad frente a la desvalorización de los mismos debida al default.[iv]  

Estos nuevos titulares de bonos – según comentó la presidenta - hicieron así un gran negocio con la plata de los ahorristas argentinos ya que les compraron barato los BODEN y ellos pasaron a cobrar los rendimientos a valores nominales.

Entre los fondos de inversión tenedores de BODEN 2012 – según una denuncia de Mario Cafiero y Fernando Pino Solanas – habría firmas tenedoras que son accionistas de empresas petroleras con actividades en las Islas Malvinas, lo que cae dentro de las penalidades de la Ley 26.659.


LA VOCACION PAGADORA.

El carácter triunfalista de la propaganda oficial en oportunidad de este pago de los BODEN 12 sirve de distractivo al hecho concreto que la deuda pública sigue aumentando – el incremento fue de 14.600 MD en 2011 y se prevé por Presupuesto 2012  que aumente otros 11.700 MD este año – y a que el gobierno Kirchner demuestra así su voluntad de cumplir a rajatabla los compromisos asumidos con los acreedores.

El Ministro de Economía Lorenzino fue muy claro al respecto cuando destacó que “este Gobierno ha normalizado la deuda y honrado todos sus pagos, cuota por cuota, durante los últimos 10 años”, agregando que “sólo por el Boden 2012 la cuenta que pagamos los argentinos demandó 19.600 millones de dólares.” (Comunicado de Prensa del 3.8.2012).

Estos pagos, así como todos los que se hicieron y se siguen haciendo a los acreedores financieros, a los organismos multilaterales de crédito (Banco Mundial, BID y CAF), al Fondo Monetario Internacional (9.530 MD a principios de 2006) y a bancos comerciales (con los que la deuda llega hoy a 6.600 MD), se cubren con Deuda Intra-Estado y toma de nuevas deudas, lo que compromete cada vez más los recursos fiscales condicionando en forma total y absoluta las Finanzas Públicas y la Política Económica general.

La Deuda ha devenido así el principal factor causal de la pérdida de los superávits gemelos de la administración Kirchner – fiscal y externo – pasando a situación de déficit en ambos casos: déficit fiscal creciente (fue de 30.700 M$ el año pasado y excedería con mucho esa suma a fin del corriente ejercicio) y déficit de la Balanza de Pagos (porque el excedente de la Balanza Comercial no compensa las salidas de divisas por servicios financieros y fuga de capitales).

Por eso, para sostener su política de pagos de la Deuda Pública, el Gobierno ha entrado de lleno en la toma de medidas de emergencia financiera para reunir la masa de divisas y de moneda local que necesita para cubrir los vencimientos que se le van produciendo:

a)      Emisiones masivas de pesos para comprar dólares que se destinan a pagar Deuda Externa y que luego se esterilizan con Lebac/Nobac que pagan el 14 % de interés promedio.

b)      Emisiones masivas de pesos para dar Adelantos Transitorios al Tesoro para atender el pago de deudas y de gasto público en general.

c)      Préstamos sistemáticos de reservas internacionales del BCRA al gobierno para el pago de Deuda Externa contra Letras Intransferibles que no tienen capacidad de repago y que han derivado en una baja fortísima de las Reservas Netas (que hoy estarían en el orden de los 13.500 MD).

d)      Corralito Cambiario en el mercado minorista, trabas a las Importaciones y demoras en las autorizaciones de transferencia de divisas al exterior, para poder acumular la mayor cantidad posible de dólares para poder atender los servicios de la Deuda Externa.

e)      Retraso cambiario relativo, por ritmo de devaluación menor que la inflación real, para permitir que el BCRA compre divisas más barato para reponer reservas que se prestan continuamente a la Tesorería para cubrir los vencimientos en moneda extranjera.

f)       Negación de los altos niveles de inflación interna, acentuados por la emisión masiva de dinero para atender los servicios de la Deuda, en pesos y en divisas; y para atenuar los pagos de los compromisos en pesos ajustados por CER.

g)      Modificación de la Ley 23.928 de Convertibilidad, de la Ley 24.144 de Carta Orgánica (CO) del BCRA y disposiciones conexas, para dar cobertura legal al funcionariado superior interviniente en esta política de pago de Deuda.

Con toda esta batería de medidas, la administración Kirchner vive pateando para adelante la nueva Crisis de Deuda que, por un lado, es de naturaleza estructural o institucional – la existencia de un sistema de Deuda Perpetua, destinada a ser continua e inexorablemente refinanciada por falta de capacidad de pago – pero en lo inmediato o reciente es producto del fracaso del Megacanje Kirchner-Lavagna del 2005, que comprometió pagos de capital e intereses, capitalización de intereses por anatocismo, indexación de deuda en pesos por inflación y, sobre todo, cupones ligados al PBI, que en su conjunto se han transformado en una “bola de nieve” impagable; sin contar con las obligaciones que se siguen tomando en todos los niveles del Estado (provincias, municipios, entes oficiales, BCRA, etc.).

A menos que – según fuera previsto con los canjes de 2005 y 2010; y según fuera anunciado en la hoja de ruta del ex ministro Boudou – la Argentina vuelva al Mercado Internacional de Capitales para reestructurar otra vez más su Deuda Pública.

Y para ello el gobierno Kirchner sostiene su política de pagos de la Deuda con emisión inflacionaria de dinero, con aumento de las tasas de interés de mercado derivadas del piso fijado por la deuda del Estado, con retraso cambiario para evitar un nuevo default de la Deuda Externa, con desfinanciamiento de la ANSES y demás agencias oficiales y con descapitalización del BCRA.

Todo ello puesto al servicio del cumplimiento de un sistema de endeudamiento perpetuo.


EN CONCLUSION.

El sistema de dominación financiera y política que utiliza la Deuda como instrumento de dominio se sostiene en tres patas: 1. Un  oficialismo de turno que se encarga de “administrar” temporariamente el mecanismo de la servidumbre de pagos, 2. Una pseudo-oposición política que le hace el juego al cuestionar problemas fiscales de coyuntura pero sin atacar el problema de fondo de una deuda impagable y, por ende, una deuda perpetua; y 3. Un mecanismo de formación de la opinión pública a través de medios de comunicación masiva – oficialistas e “independientes” - que desarrollan la función de “venderle” a la población la imagen que las cosas están bien en cuanto a la deuda, que la situación está bajo control y que la Deuda ya no es problema.

Así pasó con el discurso de Martínez de Hoz sobre la Deuda Externa bajo el Proceso Militar, así se repitió con los Acuerdos de refinanciación de Nueva York de 1985-1987 bajo la administración Alfonsín, así se dijo bajo el gobierno Menem-Cavallo después de la firma del Plan Brady de 1992-1993, así se volvió a saludar el compromiso de apoyo de grandes bancos (luego incumplido) frente al Efecto Tequila de 1995, así se volvió a repetir con el Megacanje Cavallo-de la Rúa del 2001 – sólo pocos meses antes del default – y así volvió a ser presentado ahora ante la gente con el Megacanje Kirchner-Lavagna de 2005, que ha fracasado por imposibilidad de pago y ha llevado a la actual nueva Crisis de Deuda que vive la Argentina y que la administración Kirchner trata de contener a través de medidas desesperadas de emergencia financiera que se sostienen, en definitiva, en un mecanismo de Deuda Intra-Estado que desfinancia el Sistema Previsional, descapitaliza el BCRA y vive “desviando” fondos de las Agencias Oficiales en función de las necesidades de caja del Fisco para el pago de los servicios de la Deuda.

La teatralización gubernamental en oportunidad del pago de la última cuota del BODEN 12 es un capítulo más dentro de este proceso distractivo sobre la gravedad del problema de la Deuda. 

Y la situación en esta materia debe ser muy grave a los ojos de la propia administración Kirchner para que el gobierno deba recurrir a tan grosera manipulación de informaciones frente a la nueva Crisis de Deuda que afronta nuestro país.


[i] Las siglas MD/M$ significan siempre Millones de Dólares/Pesos respectivamente. Los importes se toman con redondeo, por lo que puede haber mínimas diferencias entre totales y sumatoria de términos.

[ii] Es una paradoja que la presidenta exija a los bancos privados aumentar sus préstamos a empresas con destino productivo mientras el BNA – cuya carta orgánica fue modificada expresamente para garantizar su misión de asistencia financiera con esta finalidad para PYMEs – tiene un tercio de sus activos en Títulos Públicos, es decir, en dinero prestado al Estado.

Al mes de Abril de este año la cartera de títulos en cartera del BNA era de 56.500 M$ (equivalentes a 12.700 MD), sobre un Activo total de 178.300 M$.

A su vez, el BCRA – según Balance semanal al 31.7.2012 – tiene prestados al Tesoro 255.300 M$ (55.700 MD, al tipo de cambio 4.58 $/US$), sumando títulos públicos en cartera por 37.300 MD (170.800 M$) y Adelantos Transitorios al Gobierno por 84.500 M$ (18.400 MD). Es la mitad de su Activo (527.800 M$).

Y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES, que al 31.3.2012 totalizaba 209.000 M$, tenía el 60 % de dicho fondo prestado al Estado (más de 125.000 M$, equivalentes a unos 28.000 MD).

[iii] Conforme lo hemos explicado ya en varios de los trabajos anteriores, el coeficiente Deuda Pública/PBI no es un indicador representativo de la solvencia fiscal argentina: 1. Compara un numerador de deuda que es una magnitud financiera cierta con un denominador que es una capacidad económica estimada del país, 2. No incluye importes muy relevantes de obligaciones en cabeza del Estado Central que no figuran como deuda registrada (intereses a pagar, capitalización de intereses, indexación de deuda en pesos y cupones ligados al PBI; e incluso omite los reclamos de holdouts o tenedores que no entraron en el Megacanje Kirchner-Lavagna de 2005-2010), y 3. Reduce arbitrariamente los términos de comparación porque toma como denominador el PBI Nacional pero no toma en el numerador la Deuda Pública Nacional, que incluye también la deuda de provincias y municipios, empresas del Estado, organismos nacionales, fondos fiduciarios, deuda cuasi-fiscal del BCRA y juicios contra el Estado con sentencia en firme (por juicios locales y en el extranjero).

El gobierno Kirchner se jacta de haber reducido el índice Deuda/PBI (D/PBI) a un 42 % 179.000/428.000 MD), pero no suministra información sobre el monto, siquiera aproximado, de esta deuda nacional, que - incluyendo la deuda no registrada - podría duplicar la deuda oficial del Estado Central.

Por último, la relatividad del valor de este ratio D/PBI está demostrada empíricamente por la Crisis de Deuda del 2001: a esa fecha el índice era también comparativamente “manejable” - un 55 % del PBI (145.000/264.000 MD) - pero la Argentina entró en default por el problema de su perfil de vencimientos, como se le presenta hoy nuevamente (con y sin Deuda Intra-Estado).

[iv] Los BODEN 2012 fueron emitidos originariamente para compensar la pesificación asimétrica del 2002: la mayoría fue destinada a bancos (pese a que éstos, en su conjunto, durante el año 2001 habían fugado del país capitales que vaciaron las reservas del BCRA por más de 20.000 MD) y menos de la mitad fue para compensar a los ahorristas. En total, se terminaron emitiendo 17.600 MD de títulos BODEN 12, por los que se pagaron unos 2.500 MD de intereses.

Posteriormente, en el 2005, también la administración de Néstor Kirchner emitió Bodenes, con fecha de vencimiento 2015, por valor de 5.800 MD. La casi totalidad de estos títulos fue comprada por el gobierno de Venezuela e inmediatamente vendida en el Mercado a inversores privados (devengando un rendimiento real del 15 % anual en dólares).

viernes, 6 de julio de 2012

Ganancias, una deuda social


Por Fabián Rapolla

El impuesto a las ganancias de los trabajadores, se encuentra, una vez más en el ojo de la tormenta. Es el estandarte de batalla de Hugo Moyano. Es su mérito haber trascendido a la sociedad con esta temática, involucrándola en su disputa con el gobierno.
La bandera que tomó el líder de la CGT para convocar a sectores diversos, que hartos de la política sesgada y  abusiva del ejecutivo, han cerrado filas en torno a una cuestión evidentemente sensible al trabajador argentino. Es muy difícil de defender un impuesto que grava la fuerza de trabajo de las personas y equipara ello a la utilidad que obtiene una empresa. Es de estricta justicia social considerar al salario como la justa retribución que recibe el trabajador por la labor realizada. Gravar el trabajo, es socavar los cimientos de construcción equitativa de una sociedad. Es no respetar a millones de personas que a diario entregan su esfuerzo, a cambio de un salario que les permita vivir dignamente.
 Ya de por sí, con la inflación reinante y el altísimo impuesto al valor agregado, el salario sufre un menoscabo importante. Ni siquiera se trata de mínimo no imponible. Se trata de que en una sociedad con justicia social, el gobierno nopuede sostener un régimen que termina perjudicando  a los más desprotegidos del andamiaje socioeconómico
¿Como puede ser que los inversores de títulos públicos  y los ahorristas de plazos fijos no paguen ganancias? ¿Desde cuando, en los parámetros de una sociedad justicialista,  la fuerza de trabajo es considerada una renta empresarial, sujeta a tributación? Para el gobierno es una caja más.
Por eso, Juan Manuel Abal Medina dice que es gorilismo defender a los trabajadores que tributan. Claro, es una caja importante, muy importante; a la que aportan alrededor de dos millones de trabajadores. Asimismo, se producen injusticas difíciles de entender como el hecho de que un trabajador que tributa ganancias no tiene derecho a percibir las asignaciones familiares. Inconcebible.
Este modelo hace agua, cada vez más. Si el 81 por ciento de los trabajadores no tributa es porque gana menos de cinco mil doscientos pesos. Salario, que con la inflación anual no permite llevar, precisamente una vida muy digna. Está claro entonces, que luego de ocho años el único bolsillo que se ensanchó fue el  de La Cámpora y compañía.
El impuesto a las ganancias es símbolo de la lucha desatada entre el gobierno y la CGT. Gobierno que saca a gendarmería a la calle para reprimir manifestaciones de trabajadores. Gobierno que se llena la boca con inclusión y políticas para todos pero que socava la capacidad adquisitiva y de ahorro de la gran masa de asalariados, a través de una política abusiva de tributación, casi asfixiante para los sectores de más bajos salarios.
El trabajador ha pasado a ser una fuente más de recaudación impositiva. El impuesto es claramente ilegitimo ya que la ganancia no es producto de una cosa sino de la fuerza de trabajo aportado, por lo que no puede ser equiparada al enriquecimiento que genera una actividad empresaria o lucrativa. Se trabaja para vivir. Al gravar el salario se está imponiendo tributo a la necesidad de vivir.

Pero el  kirchnerismo, ciego y corrupto, hipócrita y negador,  necesita seguir recaudando para sostener sus estructuras de poder, alimentadas en la horda desesperada del egocentrismo mesiánico.  Los peronistas creemos en los fundamentos plasmados en la constitución de 1949. Es dable recordar a esta gente que gobierna, lejos del peronismo ya, lo que la mencionada Carta Magna, refería respecto al trabajo:
 Articulo 37: “Decláranse los siguientes derechos especiales: I.- Del trabajador: 1.-Derecho de trabajar: el trabajo es el medio indispensable para satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad, LA CAUSA DE TODOAS LAS CONQUISTAS DE LA CIVILIZACION Y EL FUNDAMENTO DE LA PROSPERIDAD GENERAL, de ahí que el derecho a trabajar debe ser protegido por la sociedad, CONSIDERANDOLO CON LA DIGNIDAD QUE MERECE, y proveyendo ocupación a quine la necesite. 2.-DERECHO A UNA RETRIBUCION JUSTA: siendo la riqueza, la renta y el interés del capital frutos exclusivos del trabajo humano, la comunidad debe organizar y reactivar las fuentes de producción en forma de posibilidad y GARANTIZAR AL TRABAJADOR UNA RETRIBUCION MORAL Y MATERIAL QUE SATISFAGA SUS NECESIDADES VITALES Y SEA COMPENSATORIA DEL RENDIMIENTO OBTENIDO Y DEL ESFUERZO REALIZADO.”
Lo cierto es que con Moyano en la calle movilizándose, junto a Barrionuevo, están obligando al gobierno a afrontar el tema de ganancias. Si lo eluden, el reclamo popular crecerá. El moyanismo forzó al gobierno, a definirse con este tema. La presidenta, salió a rechazar cualquier negociación al respecto. Está claro, que esta vez al gobierno, le tocó perder. Porque un  gobierno popular, no juega con el bolsillo de su pueblo.
Gobierno de las políticas inclusivas, pero que en los hechos, gobierna desde la intolerancia y condena y persigue al que piensa diferente.  Hoy le toca a la CGT y sus dirigentes,  perseguidos y denunciados penalmente. El kirchnerismo, cultor del resentimiento más exasperado, se muestra tal cual es. La defensa del trabajo y de los trabajadores es la razón de ser del peronismo. La CGT, columna vertebral del movimiento, lo tiene claro. Y si bien no deja de subyacer en esta disputa un duelo de intereses y resquemores personales, lo cierto es que Moyano y sus aliados cuentan con una ventaja: la justica del reclamo.
En este momento viene a mi una maravillosa frase del General Perón:” Cuando los pueblos se deciden a la lucha suelen ser invencibles… “

martes, 26 de junio de 2012

¿Existen bases para organizar un sistema político republicano y democrático?


Por Héctor Blas Trillo

Desde diversos medios se sostiene que hoy en día no existe una verdadera oposición estructurada en la Argentina. Desde nuestros comentarios hemos insistido una y otra vez que en verdad no existe una oposición, sino más bien una competencia. El deseo de reemplazar a los que están para ocupar su lugar y hacer prácticamente lo mismo, aunque con la idea de que ellos lo harían mejor.
Así vemos que espasmódicamente aparecen proyectos que mueren antes de nacer sobre cuestiones que en un momento dado  son puestas sobre el tapete, como ocurre en estas horas con la cuestión del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias que alcanza a los trabajadores.
Pero desde ningún sector de la oposición, si es que existiera alguna, se intenta elaborar al menos una línea ideológica que ataque los verdaderos problemas que aquejan al país desde hace muchos años y que se han agravado últimamente de manera casi grotesca.

Lo que haremos a continuación es intentar enumerar algunos de esos problemas que según nuestro particular modo de ver podrían dar pie a la construcción al menos de una alternativa política al esquema vigente. No se trata de que nuestros amables lectores coincidan con todos, o con algunos, se trata de hacer notar que es posible armar algunas ideas fundamentales, y que curiosamente nadie lo hace en la Argentina actual.
Veamos:

Hay que avanzar para volver al federalismo, terminar con la arbitrariedad de la distribución de fondos a las provincias según criterios clientelísticos o que no obedezcan a cálculos matemáticos precisos y preestablecidos.


1.      Es indispensable reconocer la existencia de un alto índice inflación y la necesidad de crear un plan antiinflacionario serio a cargo de profesionales reconocidos.
2.      Debe haber alguna propuesta seria para terminar con la fantochada en que se ha convertido el INDEC, e incluso establecer un método para reconocer, hacia atrás, todo lo que se han adulterado los índices.
3.      Es necesario garantizar de alguna manera, como podría ser un acuerdo político integral, que los fallos de la Justicia habrán de ser cumplidos.

4.      Se impone pautar una política que lleve a la Justicia a niveles de excelencia, enjuiciando a aquellos magistrados que claramente no cumplen su cometido y que las acciones que se lleven contra ellos no choquen con un Consejo de la Magistratura amañado y politizado según los intereses de un partido gobernante.
5.      Hay que garantizar la libertad en cuanto al ingreso y egreso del país, adquisición de divisas a algún precio y eliminar todo tipo de trabas al libre albedrío de disponer de lo que es de cada uno.
6.      Hay que avanzar para volver al federalismo, terminar con la arbitrariedad de la distribución de fondos a las provincias según criterios clientelísticos o que no obedezcan a cálculos matemáticos precisos y preestablecidos.
7.      Hay que terminar con la persecución y los insultos a medios no amigos del poder. Del mismo modo, hay que acabar con los medios de propaganda oficial, sean del Estado o apañados por el gobierno.
8.                  Hay que establecer claramente que la distribución de la publicidad oficial en los medios debe estar fundamentada en la penetración que los mismos tienen y no en cuestiones de cercanía ideológica.
9.                  Hay que avanzar hacia al democratización del sindicalismo, la libertad de afiliación y el reconocimiento de sindicatos sin tener que pasar por el filtro de la obtención de la personería gremial.
10.               Hay que restituir un Banco Central genuinamente independiente del poder político, que funcione de manera autónoma y que no responda a intereses políticos de un gobierno determinado. Profesionalizado y con objetivos claros, precisos, matemáticos, en materia monetaria.
11.               Hay que establecer pautas para la eliminación de todo tipo de subsidios, planes de ayuda o asignaciones por hijo o de cualquier otra índole que se presenten como un derecho adquirido indefinidamente. El objetivo de las ayudas es siempre transitorio y debe ser reemplazado por trabajo genuino. Sólo así se evita el clientelimo y el voto cautivo.
12.               Hay que acordar que ninguna reforma de la Constitución se hará con el objetivo, directo o indirecto, de facilitar reelecciones adicionales de ningún candidato.
13.               Hay que terminar con toda forma de prohibición, limitación, pedido de autorización o cualquier variante por el estilo que limite la posibilidad de vender o comprar localmente o en el extranjero lo que sea. Los sistemas arancelarios, aunque a nuestro modo de ver pueden resultar muy negativos, nunca lo serán tanto como la arbitrariedad de que ciertos funcionarios suban o bajen el pulgar todos los días.
14.               Hay que proponer una reforma tributaria integral, que devuelva federalismo a las provincias y que a nivel nacional sea lo más general posible, evitando exenciones y desgravaciones específicas que siempre dan lugar a controversias y a abusos. La carga tributaria debe basarse en la equidad, en la igualdad, como base de las cargas públicas.
15.               Es preciso acabar con la coerción que provocan cortes de rutas, calles y puentes, lo mismo que bloqueos a plantas o fábricas de lo que fuera.  Las manifiestaciones no deben ser hechas para cortar caminos, a lo sumo un camino podría resultar cortado por una multitud manifestándose, pero el corte del camino sería en todo caso una consecuencia y no la razón de la protesta.
16.               Hay que esforzarse por respetar los principios constitucionales. Especialmente los vinculados con las libertades y los derechos y garantías en general.
17.               Es necesario terminar con el reparto de cargos públicos con remuneraciones fuera de toda lógica y en donde claramente no existe idoneidad.
18.               En términos mucho más generales, es preciso establecer un sistema de límites a los gastos nacionales, provinciales y municipales, tomando en cuenta las necesidades de cada área pública y comprendiendo que el gasto sin limitaciones conduce siempre al endeudamiento, a las llamadas “cuasimonedas”, a la baja productividad y en definitiva de una u otra forma a la inflación.
19.               Es necesario organizar un sistema educativo de excelsitud, con profesores y material idóneo, con planes de estudio desarrollados por profesionales en un marco de absoluta libertad, e incluso con la posibilidad de no ser todos iguales en tanto mantengan ciertos principios básicos de integración para la profesión de que se trate.
20.               La seguridad urbana y rural debe ser garantizada por el Estado, del mismo modo debe asegurarse el respeto de los contratos, de la ley, del prójimo como tal.
21.               Debe avanzarse para terminar con las formas de discriminación, contra la xenofobia cada día más difundida, contra el racismo y el antisemitismo. Es imperioso educar a los chicos en un marco de libertad de cultos, de ideas, de aceptación del otro cualquiera sea su visión de la vida. La Argentina es y ha sido siempre un país abierto al mundo. Hay que garantizar que así sea.
22.               La propiedad debe respetarse y no puede ser nadie privado de ella sino en virtud de una ley anterior que la declare de utilidad pública y previamente indemnizada. Este punto lo exaltamos y no nos apartamos de la línea constitucional debido a lo ocurrido con YPF, o más bien con la española REPSOL, ya que la confiscación abarcó a sus acciones únicamente. Es decir que no sólo se la confiscó sino que no se respetó la proporcionalidad.
23.               Los funcionarios de cualquier rango y nivel deben actuar ceñidos a la ley y no disponer de poderes que exceden el marco normativo y constitucional. Es preciso terminar con los abusos de poder que significan ciertos actos prepotentes o discrecionales que ni vale la pena enumerar.
24. Toda otra consideración que signifique acercarnos al Estado de Derecho, a la igualdad ante la ley, a la independencia de los poderes, a la libertad de elegir, etc. 

Hasta aquí hemos enumerado a vuelapluma lo que consideramos es básico. Seguramente nos hemos olvidado de no pocas cosas como siempre ocurre cuando alguien intenta volcar taxativamente los datos de una realidad. Consideramos que una fuerza política integradora podría seriamente abocarse a encarar una genuina plataforma política, buscar adhesiones sin banderías políticas y con la intención de hacer cumplir estas premisas, u otras parecidas.

Premisas al fin que deberían contar con el compromiso de sostenerse a lo largo del tiempo. No se ve en la actual situación una genuina fuerza que pretenda encauzar estos pensamientos, bastante lógicos y que tienen por lo general su origen en lo establecido en la misma Constitución Nacional.
Consideramos que aún se está a tiempo de constituir un grupo político que al menos empiece a debatir seriamente qué país queremos. Ya lo dijimos al principio. Puede ser sobre la base de esta enumeración o de cualquiera otra, pero nunca podrá ser sobre la base de la arbitrariedad o el ”mandamasismo” de un grupo encaramado en el poder.

jueves, 3 de mayo de 2012

YPF: Hace falta honestidad, sensatez y grandeza

Por Orlando Novara
Con la nacionalización de YPF hoy los argentinos estamos frente a la posibilidad de un saludable cambio de rumbo en materia energética, que debemos apoyar pero que para evitar una nueva frustración no lo podemos hacer de cualquier modo. Recordemos que en el lapso de casi un siglo pasamos del orgullo por la YPF modelo y pionera de Mosconi, a la perplejidad de encontrarnos con quizá la única empresa petrolera del mundo que, acosada por la ineficiencia y corrupción, daba pérdidas.
Como hoy se desataron pasiones y se ensayaron todos los libretos. Las contradicciones estuvieron a la orden del día como si ellas fueran nuestro insumo preferido. Medio siglo atrás con el radicalismo apuntamos al autoabastecimiento con los “contratos petroleros” de Frondizi que luego, con Illia, fueron denunciados y anulados. Más cerca, hace dos décadas, el peronismo privatizó la misma YPF que ahora nacionaliza. Arranque y freno, marcha y contramarcha. Punto muerto de una Nación que burla y busca su destino.
Argentina, ya no tiene margen para equivocarse. La política energética exige coherencia y continuidad y no tolera más vaivenes. Con independencia de nuestras posturas políticas o ideológicas, o de lo que piense el mundo, en esta situación ya no será posible ni volverla a quebrar ni privatizarla al mejor postor. Es la oportunidad de la crisis: estamos obligados a tomar el timón y sumergirnos en el horizonte con la proa hacia el puerto. No tenemos otra alternativa que enderezar, sanear y hacer de YPF una locomotora productiva.
Eliminar la corrupción y la ineficiencia es, ni más ni menos, lo que debimos hacer antes y lo que tenemos que hacer ahora. YPF nunca debió privatizarse porque una nación que es soberana no puede enajenar recursos energéticos que son estratégicos para el desarrollo integral del país. Sin embargo, es necesario recordar que cuando Menem vendió en 1992 el control de YPF a Repsol, encontró en los Kirchner los socios más entusiastas.
Los archivos custodian la memoria y no mienten. La actual familia gobernante vendió a la empresa española el 4,3% de las acciones de Santa Cruz. Con ello obtuvieron casi 500 millones de dólares que salieron y entraron del país sin control de itinerario ni de la ulterior aplicación. Luego vino la “argentinización”. Un oscuro negocio financiero por el cual el grupo regenteado por Ezkenazi, casi sin dinero ni garantía conocida y con la “generosa” ayuda de Repsol se quedó con el 25% de YPF.
Como no es habitual conseguir tanto con tan poco, surgieron las dudas e interrogantes. ¿Esos 500 millones fueron el aval oculto de la operación? ¿Solo respaldo de un negocio privado con patrimonio público? ¿O será que la familia Eskenazi Es ”k”? ¿Na o Zi? ¿Y usted qué opina? ¿No o sí? Quizá algún día podrá dilucidarlo la justicia que, según dicen, tarda pero llega. Ahora una parte de ella, aprovechando el ruido, estaría entretenida en liberar de responsabilidad a Boudou. Tiene que demostrar que no conoce a su presunto socio y que éste, como monotributista fantasma, puede hacerse cargo de fabricar los billetes de los argentinos. ¿Tanto con tan poco? ¿Por qué no? Cartón lleno.
No podemos saber si la historia de los billetes desplazará o no a la “argentinización” del petróleo, como obra maestra del capitalismo de amigos. Pero lo que sí sabemos es que esta última fue nefasta para YPF y le vino como anillo al dedo a Repsol. Para facilitar el acuerdo con Ezkenazi (que compraba sus acciones con las ganancias) se habilitó a la compañía una irracional distribución de utilidades con absoluto desmedro de la inversión. Esta decisión además de descapitalizar y desmantelar la empresa, desató la necesidad de importar combustibles sin respaldo de divisas y en una magnitud que hipoteca al país.
La voluntad nacionalizadora nació de esta falta de dólares para enfrentar el desmadre energético autogenerado por negocios poco trasparentes. De otro modo cabe preguntarse porque, en su momento, el negocio “redondo” realizado para beneficiar a Ezkenazi y sus socios, no se lo hizo para que sea el Estado el que se quedará con esa cuarta parte de la empresa. Es más: para lograr la mayoría en YPF ahora podría haber alcanzado con comprarle baratas las acciones al mencionado grupo y, simultáneamente, presionado a Repsol para que desinvirtiera su participación accionaria en la empresa.
Pese a que el relato épico no lo deja ver, la actual expropiación no recupera patrimonio ni soberanía sobre el petróleo y el gas porque estos eran y siguen siendo propiedad pública provincial. La nacionalización es sobre Repsol por eso tampoco queda muy claro porque el avance fue sobre una firma endeudada (casi 9.000 millones de u$s) y sin patrimonio (petróleo) en lugar de procurar los objetivos enunciados a través de Enarsa. Ésta bien pudo extender su potestad de la plataforma marítima a la territorial y luego las provincias podrían haber derivado sus concesiones a ella.
Estas posibles alternativas, planeadas con tiempo, sin duda tenían menos carga simbólica y rentabilidad política para el gobierno pero, en todo caso, hubieran sido muy útiles para el país en vista a evitar los efectos secundarios, o no tanto, de la actual expropiación. Nos referimos al cuestionamiento sobre la seguridad jurídica y los costos internacionales de la medida en materia de credibilidad, confiabilidad y reticencia inversora a futuro. Algunas de estas consecuencias ya llegaron con el incremento del riesgo país y el encarecimiento del crédito externo: la tasa en emisión de los bonos provinciales ya aumentó un 30%.
Es cuando menos curioso que quienes presumen ser los principales defensores del rol del Estado en la sociedad, son aquellos que al mismo tiempo lo paralizan y degradan en sus funciones de contralor del interés popular. La expropiación, tal como está diseñada, es continuista en lo que a fiscalización se refiere. Esto es así porque la YPF que se propone mantiene la modalidad jurídica de una sociedad anónima (S.A.) que, como tal, no puede ser fiscalizada por los órganos de control del Estado.
No es un detalle menor. Se ha dicho con razón que las SA en el Estado son la matriz de los negocios del poder que disponen del patrimonio público en beneficio de ciertos grupos privados de la élite. Alardea con oponerse a los procesos de privatización pero no avanza en la dirección del capitalismo de estado bien entendido. Es un hibrido que tampoco es de por si novedoso como lo demuestra, por ejemplo, algunos fenómenos de degradación estatal en manos de la mafia rusa. Un paso más adelante (en deterioro), de lo que fue la burguesía prebendaría que oportunamente supo colonizar al Estado argentino.
Además de lo dicho hay voces que se oponen a la decisión adoptada por el gobierno con YPF porque la presidenta y su staff del área, se cansaron de hacer la apología de Repsol, de avalar con su firma la política petrolera y de subestimar los problemas. Otros fundan su oposición en la pulsión gubernamental por las “cajas” (Anses, Banco Central) o señalan que además de las urgencias económicas ha jugado la necesidad de cubrir el escándalo de Amado Boudou (Ciccone). Son argumentos válidos para cuestionar al gobierno como abanderado impoluto de la nacionalización pero no para cuestionar la medida tomada.
¿Con estos antecedentes es posible apoyar la nacionalización de YPF? Sí lo es. Lo es porque la legitimidad de la misma así como no está dada por las presuntas virtudes del gobierno tampoco deja de estarlo por sus errores. La legitimidad emana de la necesidad de la Nación de contar con una herramienta propia (YPF) para su política petrolera. Más allá de las complicidades lo importante es que este instrumento no estaba al servicio del país y de aquí en más tiene la posibilidad de estarlo. Que el gobierno lo garantice o no es harina de otro costal. Al margen de sus intenciones no tenemos por qué creerlo eterno.
Que Repsol estaba enajenada a otros intereses lo demuestran las irregularidades en las que ha incurrido. Desde el ocultamiento de información estratégica, hasta evasión fiscal. Es decir exportaciones realizadas con declaraciones juradas no auditadas, con hasta un 70% de liquidación de divisas en el exterior y con presunción de contrabando. Esto junto a manipulaciones bursátiles y estadísticas sobre extracción, consumo interno, exportación y reservas que contabilizó pero que nunca informó. Hay que separar la paja del trigo los desaciertos del gobierno no invalidan la medida ni avalan a la conducción española.
Lo anterior es también la consecuencia natural de la ausencia del poder de policía del Estado pero lo más grave fue la descapitalización. Repsol no invertía en el país, mientras lo hacía parcialmente en Brasil y otros países. Inducida por la crisis española en los últimos años, además, remitía las utilidades de aquí a sus mandantes ibéricos. Así se forjó el vaciamiento de YPF y la pérdida de un autoabastecimiento que costó varias décadas en alcanzar y se dilapidó en ocho años. Desenlace no tan imprevisible cuando la Nación deja de ser un actor significativo de la política energética.
Hay quienes para fundar su oposición a la nacionalización de YPF quitan responsabilidad a Repsol por la desinversión y se la cargan exclusivamente al gobierno. Lo hacen con el argumento liberal de que fue el Poder Ejecutivo el causante de la falta de inversión. La caída en cascada de la producción sería producto de los precios (bajos) regulados por un gobierno acosado por el drenaje de los subsidios. Sostienen para corroborarlo que Repsol no llega al 35% del mercado y que la caída productiva se verifica también en la inmensa mayoría de las otras firmas que operan en el país. Es cierto ¿Y?
No hay mentira más peligrosa que una verdad a medias. Es cierto que eso también ha sucedido y que, en el mejor de los casos, el gobierno fue ingenuo. No es lógico suponer que Repsol como cualquier empresa multinacional va a renunciar a maximizar ganancias. Si le pagan menos y la dejan, siempre va a preferir usar las utilidades logradas aquí para producir petróleo en otros países donde pueda cobrar el precio internacional. Pero, otra vez, de ello no se infiere que sea incorrecta o inconveniente nacionalizar YPF.
Hay que tener en cuenta, por el contrario, que la actividad petrolera bien administrada genera ganancias extraordinarias y esta debería ser una razón más que suficiente para apoyar la nacionalización de YPF. Una empresa pública nacional subordinada al interés local puede ahorrar y beneficiarse con el enorme diferencial entre el costo y el precio del combustible cuyos valores, en muchos casos, oscila entre 10 y 110 dólares el barril. Aunque no sea indistinto que esa renta se use en subsidios o para capitalizar a YPF, la clave hoy no es como se la aplica sino quien se la apropia.
La discusión fundamental no es, entonces, si se valoriza el deseo del gobierno por enmendar o subsanar los graves errores cometidos o si se desconfía de esta eventual voluntad o de su capacidad para hacerlo. Los hechos dirán. Hoy lo esencial es reconocer como conveniente y legítimo que los argentinos nos apropiemos de la renta petrolera. Sobre todo cuando una de las cosas que pueden estar en juego es la potencialidad económica del reservorio de la “Vaca Muerta”, en Neuquén. Una reserva que, en su tipo, se presume como la 3ra. en el mundo.
Quien suscribe estas líneas cree, aunque carezca de elementos para corroborarlo, que si esto último es efectivamente cierto, la medida adoptada con YPF puede trascender de lejos el derecho inalienable al autoabastecimiento y pasar a ser una decisión soberana de carácter estratégico. Nuestro país quizá hoy no esté en condiciones económicas para explotar esta cuenca petrolera pero sí puede poner las condiciones para hacerlo. La nueva YPF no necesita socios dentro de la empresa, pero puede asociarse con otros inversores para que colaboren con ella, a partir de contratos de mutuo interés.
El horizonte que abre esta como otras alternativas no podría existir, bajo las anteriores circunstancias, con una empresa en manos extranjeras. Nadie que comparta esta convicción puede rechazarla porque la medida la impulsan sus adversarios políticos. Aunque también sea cierto que es difícil imaginar que la misma conducción que complicó a YPF sea capaz de salvarla. Apoyar lo que está bien y rechazar lo que está mal es hoy una conducta sin espacio ni rédito político. Un dilema y un desafío que aunque no se resuelva no puede dejar de formularse.
Una posición frente al dilema
Hay que superar la estafa ideológica y chantaje emocional que sufren todos aquellos que siempre han querido y quieren una YPF nacional, pero que hoy deben traicionarse o abstenerse de apoyar porque no se resignan a convalidar ni indultar a los responsables de su reciente vaciamiento. Corresponde superar, también, la ingrata dualidad moral que debe embargar a quienes comparten la orientación, los enunciados y la decisión del gobierno, pero que no pueden dejar de saber, aunque lo silencien, la responsabilidad que le cabe al Poder Ejecutivo por esta desastrosa política energética.
Sabemos que esta doble superación es muy difícil pero también imprescindible. Por ello, por lo que está en juego y más allá del trámite parlamentario, los sectores con conciencia nacional del oficialismo y de la oposición, tienen que pronunciarse activamente de aquí en más. Deben ejercer el derecho a apoyar los objetivos genéricos de la ley, sin renunciar a formular y acordar en particular una posición común para modificar aspectos centrales de su articulado, en torno a los siguientes ejes:
1.  Pronunciarse a favor del sentido preliminar y medular de la ley propuesta por el Ejecutivo que declara de utilidad pública la nacionalización de YPF, por la que se consagra la soberanía sobre las etapas del ciclo energético y se preserva para el Estado Nacional el control mayoritario de la empresa. Una decisión que supone recuperar un resorte estratégico de los argentinos y un cambio de rumbo respecto de una privatización que nunca debió realizarse. En los 90 YPF necesitaba de un profundo saneamiento pero, de ningún modo, cabía entregarla a intereses ajenos que, durante dos décadas, terminaron por vaciar a nuestra principal empresa.
2.  Eliminar, en particular, la actual figura de YPF Sociedad Anónima, que a futuro impiden los controles de la Auditoría de la Nación, la Sindicatura General de la Nación y el Congreso Nacional; remplazándola por la forma jurídica de YPF Sociedad del Estado. Esto habilitará el control y fiscalización de las mencionadas instituciones; a lo que debe añadirse la colaboración adicional de un Consejo de Políticas Energéticas, a crear, donde estén representados todos los actores de la cadena productiva, incluyendo a proveedores y consumidores.
3.  Extender para ello el control accionario de YPF Sociedad del Estado que se propone del 51% a más (o no menos) del 80%, a partir de adquirir las acciones del Grupo Petersen-Eskenazi, las hoy residuales de la española Repsol y las de otros actores identificables de la empresa. El resto seguirá perteneciendo a pequeños inversores del público, en el ámbito de la Bolsa de Buenos Aires y de Nueva York.
4.  Proporcionar esta mayoría accionaria de YPF Sociedad del Estado a partir de los recursos ya previstos, más los que puedan proporcionar la banca pública y el ANSES. Apelando, este último, a fondos disponibles por fuera de sus obligaciones previsionales y/o liquidando las posiciones accionarias que hoy tiene en otras empresas. Estas fuentes de inversión pública, eventualmente, podrían reforzarse con un Fondo Patriótico pautado y de carácter voluntario, al que puedan concurrir desde las empresas y las Obras Sociales hasta los inversores individuales.
5.  Establecer a partir de esta nueva estructura accionaria de YPF Sociedad del Estado una reconfiguración de la participación relativa y mayoritaria de la Nación; la de nuestras provincias y la de los nuevos actores incorporados, con inclusión de los trabajadores del sector. Para estos últimos, además, se debe contemplar una reformulación de los Programas de Propiedad Participada revirtiendo las estafas a las que fueron sometidos desde su puesta en marcha.
6.  Determinar que la mayoría accionaria de YPF debe corresponder a la Nación porque es el instrumento que pone en valor los recursos del subsuelo que en ellas deberían estar incluidos como “propiedad imprescriptible e inajenable” (según lo indicaba el art.40 de la Constitución de 1949). Asimismo el fundamento Federal de la Republica obliga a incluir también en la participación accionaria a todas las provincias sin excepción. Ello con un debate específico para la eventual aplicación de indicadores diferenciales a favor de aquellas que actualmente son productoras.
7.  Realizar por Concurso Público la convocatoria de especialistas para la integración del staff directivo y gerencial de la empresa, por cuanto esta necesita de una conducción profesional, técnica y ejecutiva, que este a la altura de los desafíos planteados. Jóvenes o no los protagonistas deben ser ponderados solo por su capacidad y experiencia y no por la mera condición de políticos amigos del poder. No es conveniente olvidar que el carácter público o privado de la propiedad, nada nos indica sobre la naturaleza de la gestión, ya que en ambos casos esta puede ser desde muy buena a pésima, como lo corroboran ejemplos propios y ajenos.
8.  Habilitar una auditoría económica, financiera y operativa de la empresa petrolera y de las reservas de nuestro subsuelo, tanto reales como potenciales. Establecer, al mismo tiempo, mecanismos de medición e indicadores sistemáticos de control en los pozos y en cada etapa del ciclo de exploración, producción, elaboración, distribución y venta del combustible, donde YPF tenga competencia. Determinar, del mismo modo, severas sanciones para los funcionarios de cualquier nivel, que trasgredan cualquiera de las normas que hacen a la ética pública. La YPF nacional debe recuperar el espíritu paradigmático de su fundador, el general Mosconi.
9.  Concretar entre YPF Sociedad del Estado y las empresas petroleras instaladas en el país o con voluntad de hacerlo, asociaciones puntuales de mutua conveniencia con protocolo ambiental, para la explotación de algunos yacimientos. No cabe el infantilismo sería fantástico poder llegar al autoabastecimiento solo con inversión local pero esta no alcanza. Aun así no son socios los que necesita YPF aunque sí requiere de contratos con compañías que aporten capital.
10.  Exigir que estos nuevos contratos dejen de ser negocios de trastienda, a espaldas del país, para pasar a ser herramientas transparentes y eficaces de una política energética consensuada de cara al autoabastecimiento. Esto requiere terminar con la improvisación y desprolijidad gratuita de algunos procedimientos en curso. La actual crisis internacional induce a que los flujos de inversión externa beneficien a los países emergentes. Pero para no quedar afuera de estos hace falta de una estabilidad y transparencia en las reglas de juego hasta ahora ausentes.
Se dirá que prácticamente no existen condiciones políticas en la llamada clase dirigente para que prospere en el corto plazo una posición como la expuesta. Es cierto. Pero lo es, también, que el mismo pueblo que mayoritariamente apoya a YPF en manos del Estado, rechaza la ineficiencia, el desmanejo y la corrupción. Sabe que la empresa es inviable si ella es conducida con la misma gente y criterios que la hundieron.
Nada indica que esto haya sido cabalmente advertido. Parecería que falta honestidad, sensatez y grandeza. En el oficialismo falta honestidad para reconocer la responsabilidad central que le cupo al gobierno en el desarrollo de la crisis energética .En la oposición falta sensatez para percibir que estamos frente a un giro que aun puede ser positivo y que ya no hay espacio para nuevos virajes. Y en el conjunto de la clase política falta grandeza para sobreponerse al verticalismo y los intereses de círculo y encontrar un camino común que valore la intención de revertir errores y, sobretodo, que evite repetirlos.