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miércoles, 24 de octubre de 2012

"Extraño a Perón"


Discurso del gobernador cordobés José Manuel de la Sota, el Día de la Lealtad: 

Durante la pasada dictadura militar, un  anónimo compañero escribió en una pared, jugándose el pellejo, la frase “Perón ¡cuánto te extraño!”.

Y  esto es lo que hoy, estoy seguro, sienten también todos ustedes y todos los compañeros a lo largo y a lo ancho del país. 


Extrañamos a Perón, al mejor Perón.
A ése Perón  que hacia el final de su vida,  logró dejar de lado todas las humillaciones, proscripciones y persecuciones sufridas,  para venir a la Argentina a buscar la reconciliación de todos los argentinos.
A ese hombre que aprendió, luego de años de reflexión en el exilio, y retornó para advertirnos del abismo que se abriría bajo nuestros pies si no aprendíamos a dialogar, a convivir, a ser pluralistas y amantes de la libertad.
Por eso estamos hoy aquí reunidos  todos los  peronistas que aprendimos, y que hace rato preferimos pasar del viejo enfrentamiento del 5x1 al sueño de una Patria para todos: El 5+1 y así sumar compañeros sumar  argentinos y sumar sumar y sumar al infinito.
El peronismo es Amor y el que nos insta al odio, no lo es, nunca lo fue o ha dejado de serlo.
Recordamos en este Día de la Lealtad al Perón que escribiera el “Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”, el verdadero modelo, el único que existe para nosotros los peronistas.
Emprender esa tarea, en este día, es para mí una obligación moral y un mandato político que no podía postergar.
Y quiero hacerlo  en estos momentos, cuando han vuelto a circular entre nosotros, personajes que invocan un Perón falsificado, a una caricatura de Perón cuya insignia no es la de la paz,  sino la de la lucha de clases y  del resentimiento.
Nosotros no podemos permitir que se confunda de esa manera a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes; no podemos permitir que se adultere así el testamento que el Presidente Perón nos legara.
 El Perón que aprendió, que evolucionó, que se autocriticó,  fue un visionario y, a mi juicio, un visionario aún incomprendido por muchos que se dicen peronistas. Tal vez porque se quedaron en el pasado, no aprendieron y su bandera es la venganza.
Ante todo, Perón intuyó con claridad que el único camino para lograr la liberación y el progreso de las naciones del Tercer Mundo –mucho antes del derrumbe del bloque comunista y del agotamiento del neoliberalismo, - era que sus gobiernos no se apartaran de la Tercera Posición.
También nos señaló que cualquier desviación  en uno u otro sentido –a derecha o a izquierda, real o fingido- necesariamente iba a terminar en un aumento de nuestra dependencia ya que, como él bien nos aconsejó, “el bienestar de los Pueblos se halla por encima de las concepciones políticas dogmáticas”.
Y sostenía que la Argentina debía apartarse del “juego pendular entre el liberalismo y el estatismo”.
Paralelamente, tuvo muy en claro que el mundo se orientaba hacia una etapa de creciente integración internacional, de “universalismo”, y que en el futuro no tendrían cabida los nacionalismos extremos  ni  el patrioterismo, ni era concebible el aislamiento de pretender vivir sólo con lo nuestro.
Perón siempre sostuvo la necesidad de una creciente integración continental –que en alguna medida hemos realizado ahora gracias al Mercosur- para emprender desde allí la integración universal.
Una y otra vez, el Presidente nos recuerda que el justicialismo no puede sino proponerse realizar una revolución en beneficio de los más humildes, pero una revolución en paz.
También nos aclara que “Todo debe hacerse dentro de la ley y que nada debe realizarse fuera de su alcance”
Su principio fundamental era lograr que los argentinos pudiéramos vivir en una “democracia social” poniendo iguales acentos en la palabra “social” –es decir, equitativa- como en la palabra “democracia”.
Y  adelantándose décadas a su tiempo- vislumbró que el mundo actual ingresaría en un período de creciente preocupación por el agotamiento de los recursos naturales, esenciales para la subsistencia de la humanidad.
Como si hoy conviviera con nosotros, nos dijo: “la definición de una política estable para el agro, constituye una responsabilidad ineludible de las generaciones de hoy  para con las del futuro”
Otra de las grandes visiones de nuestro líder fue su preocupación por que los argentinos cuidáramos nuestro medio ambiente y elaboráramos una política de cooperación internacional destinada a evitar los usos ecológicamente indebidos de los avances tecnológicos.
Trató como tema prioritario un tema de estricta actualidad en estos días: la necesidad de establecer controles en todos los niveles de la administración. Dicho en otras palabras: para Perón no podía existir un buen gobierno, honesto y eficiente, sin la trasparencia absoluta de los actos de sus funcionarios en todos los niveles.
El pensamiento del Perón de 1974 se ubicaba en las antípodas de cualquier forma de autoritarismo.
Afirmó su rechazo a los sistemas de partido único, y sostuvo que su ideal era el pluralismo.
Otro aspecto del pensamiento Perón, que hoy adquiere relevancia, es su recomendación de respetar a rajatabla la pluralidad informativa.
Así dijo: "La opinión pública está lo suficientemente preparada para criticar la información que recibe”.  Y agregó,  “No es posible “venderle” ideas al Pueblo”.
En esos años Perón manifestó también una profunda preocupación por la organización interna del movimiento y del Partido Justicialista.
“El hombre no vence al tiempo; lo único que puede vencer al tiempo es la organización”, nos dijo reiteradamente.
El ya sabía en los años '70,  que pasaría a la historia como el único y el último “hombre providencial” de los trabajadores y los humildes de nuestro país.
Para él la única salida viable era que el movimiento quedara en manos de los peronistas, de todos los peronistas, actuando orgánicamente, respetando la democracia interna y la voluntad del pueblo.
Sin duda el mayor consejo paternal que el General supo dejarnos es que, ante todo, el Justicialismo seguiría existiendo como una gran fuerza política sólo en la medida que supiéramos defender a los más humildes y a la democracia que tanto nos costara recuperar después de años de luchas y sacrificios.
Seguramente, si hoy viviera, nos diría que no es peronista quien intenta dividir al pueblo, quien trata como enemigo al adversario, quien ignora los verdaderos problemas del país o intenta acallar a sus críticos bien intencionados.
Hoy los argentinos, además de los muchos problemas que quedan por resolver en materia de inflación, inseguridad o empleo; vivimos en un clima de tensión.
Parece que lejos de estar Unidos, estamos Dominados.
Dominados por un estado de crispación que nos divide. Dominados por una trampa absurda que enfrenta a argentinos contra argentinos.
El peronismo está muy lejos de la sociedad bipolar que nos quieren imponer.
Somos un gran movimiento popular cuyos pilares son la unión nacional, la justicia social y la independencia económica.
Y no hay un solo compañero o compañera del peronismo, capaz de bajar la cabeza y resignarse a este presente lleno de conflictos innecesarios.
Los verdaderos peronistas, tenemos un solo enemigo: la miseria, la desigualdad, la pobreza.
Y el amor que tenemos por la Patria, será el motor de los cambios que se vienen.
El futuro está adelante. Y el progreso para todos, también.
Si dejamos de pelear por cosas que no tienen sentido.
Si decidimos aprovechar la enorme oportunidad de crecimiento que tenemos al alcance de nuestras manos.
Si respetamos al otro, más allá de si piensa igual o distinto que uno.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Diez Tesis sobre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner

Por Pablo Antonio Anzaldi



1) La verdad política no es una esfera eterna e inmutable fuera de la realidad. Más bien la verdad política se despliega en la realidad histórica, entrelazada al devenir de las cosas. En cada momento histórico revela algo nuevo de su esencia, que es eminentemente histórica. Es decir, se va desplegando como constelación de posibilidades heredadas y abiertas al futuro.



2-El marxismo político ha agotado tres grandes manifestaciones históricas y principia una cuarta. La primera fue la de la Asociación Internacional de Trabajadores, encabezada por el mismo Carlos Marx, cuyo talento político no pudo terminar con Proudhon ni con Lasalle, pero su talento teórico es de extraordinaria relevancia contemporánea: la tendencia a la pauperización es por cierto un dato estructural del Modo de Producción capitalista. La segunda etapa fue la del marxismo leninismo, la idea de construir una organización de vanguardia que concentrase el poder y el saber científico para la toma revolucionaria del poder y la liquidación de las clases dominantes mediante el terror rojo. Es el marxismo de Lenin, de Trotsky, de Mao y de Fidel. La tercera etapa es la del marxismo tercermundista, mucho más permeable a la incorporación de componentes nacionalistas, cristianos y culturales propios de América Latina y África. Es el marxismo nicaragüense, salvadoreño, angoleño, etc. Una  etapa se engancha con la otra: Plejanov y Vera Zasulich son el nexo entre el marxismo 1 y 2, Carlos Fonseca Amador y la teología de la liberación en general son los nexos entre el marxismo 2 y  3. Actualmente asistimos a una cuarta manifestación histórico- política del marxismo. ¿De qué se trata?

3)                  3-El marxismo 4  proviene del marxismo 3, y está cada vez más lejos del marxismo 2 y más aún del 1. Pero los nexos están. Por ejemplo, en la Argentina, el marxismo 2 es el de los partidos trotskistas, periféricos al espacio y tiempo de la realidad histórica.  Montoneros pertenece al marxismo 2 y 3, es un fenómeno transicional entre un planteo leninista de concentración y destrucción revolucionaria y un esfuerzo de forjar nuevas síntesis incorporando contenidos nacionalistas y religiosos. La ambigüedad montonera es en rigor producto de su permanente oscilación ideológica. El PRT-ERP, en cambio, es todo él marxismo 2: revolución socialista, ateísmo militante, concentración ilustrada.


4-Montoneros no tuvo teóricos orgánicos. Rodolfo Walsh y Oesterheld son sobrevaluados hoy día, pero no fueron significativos ni para Montoneros como organización particular, ni para la tendencia o zona de influencia en general. El teórico de Montoneros avant la lettre fue John William Cooke, que se fue solito de la órbita del General Perón y lo cambió por Fidel Castro y el Che Guevara, ideando las tesis que los Montoneros transformarían en acción: el carácter reformista de Perón, la necesidad de superar históricamente al peronismo, la creación de una vanguardia revolucionaria, el desarrollo revolucionario mediante la lucha guerrillera, la enemistad esencial con los dirigentes sindicales en tanto exponentes de una lógica de comportamiento burocrático, la lucha desde adentro del peronismo, el abandono de la ideología y doctrina peronista- a las que Cooke no prestaba atención alguna- y la sustitución por el marxismo revolucionario y la lucha por el hombre nuevo, la idea de que a Perón hay que apretarlo y condicionarlo. Todas tesis políticas.  Otros autores como Hernández Arregui o Abelardo Ramos, en cambio, sirvieron más bien como telón de fondo: explicaron la adhesión al peronismo desde el tribunal marxista, pero más bien iniciaron un movimiento hacia el marxismo 3 con posibilidad de abandonarlo todo y hacerse peronistas de una buena vez.


5-El marxismo 4 es el de Chávez, Correa, Evo Morales, los grupos antiglobalización, el indigenismo, etc. Es el marxismo político en su devenir actual. Es el marxismo en función de las condiciones actuales, es decir, en función del horizonte de posibilidades que ya conoce el final de los marxismos 2 y 3, ya que el 1 queda más bien para su empleo en las ciencias sociales. ¿Y cuáles son las condiciones actuales? En primer lugar, el fracaso de las ingenierías sociales totales, de la búsqueda del hombre nuevo o del mismo endiosamiento del mercado y sus  reformas permanentes neoliberales. En segundo lugar, es una época que, en Occidente y sólo en Occidente, se palpa como pos heroica y más bien irónica, hedonista y poco viril. En tercer lugar, en Occidente y sólo en Occidente, es una época que cree razonablemente en la conciliación entre el crecimiento económico, la libertad política y una sensata aspiración al bienestar social. En cuarto lugar, para los países de America Latina y África, la época parece favorable en términos estructurales, revirtiéndose la cepaliana “tendencia al deterioro de los términos del intercambio” y produciendo un alza sostenida y creciente de los precios de las materias primas exportables, lo que repercute en el abandono- por parte del marxismo 4-  de la concepción de la economía planificada y de los terribles sacrificios para la industrialización: basta sólo con disputar el control de la renta de lo que se exporta y distribuir los beneficios a los excluidos para incluirlos como excluidos en inclusión. En quinto lugar, la época se encuentra con la contradicción entre sus razonables aspiraciones y la desmesura de la subordinación política al capital financiero concentrado, a los grandes aportantes de las campañas electorales y a la corrupción endémica que imposibilita las reformas necesarias.

6-En ésta coyuntura histórico- política  aparece el marxismo 4. Persigue el mismo horizonte de fines que los marxismos 2 y 3, sólo que en función de la crisis de las democracias sometidas y podridas por su subordinación a las finanzas, no requiere de guerra revolucionaria ni de insurrección armada. Cada elección, un plebiscito. Plebiscito a plebiscito, se devoran progresivamente al mundo de los politicastros de la democracia y se avanza en la consolidación de un régimen nuevo.


7-En una situación histórico-espiritual distinta, el marxismo 4 es esencialmente el proyecto del marxismo 2 y 3: concentración política absoluta, surgimiento de una nueva clase en torno a la administración de las empresas del Estado, estatización creciente de la economía, atención social a la pobreza para que permanezca como pobreza políticamente cautiva, destrucción inflacionaria del dinero considerado como fetiche en función de la economía real de bienes y servicios transparentes a los ojos del planificador, destrucción del dinero como instrumento de ahorro, inversión y progreso de las familias, obstáculo al progreso social real, restricción de la oferta de bienes y servicios, apatía por la productividad del trabajo, restricciones a la libertad de viajar, control hegemónico de los medios de comunicación, mística juvenil del sector estudiantil y pequeñoburgués que encuentra su lugar en el mundo gracias a la militancia política, construcción de un discurso culpógeno y pontificador frente a sus opositores y detractores, vaciamiento progresivo de la esfera de posibilidades de la sociedad civil y generalización de la medianía y la apatía.


8-El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner es marxista. Cristina misma es marxista. Por ello adhiere a Montoneros, porque Montoneros era marxismo. No se trata de una copia en relación a pretensos arquetipos originales de años ha. El marxismo político 2 y 3 ha producido clases invariablemente corruptas en torno al control de la economía y el poder político. El marxismo de Cristina es marxismo 4. Por ello su referencia política es Cámpora en tanto mascarón de proa de Montoneros como marxismo 2 y 3. Su visceral rechazo al General Perón es en rigor perfectamente coherente con su ideología marxista 4.

9-El enemigo real del marxismo no es el neoliberalismo, ni siquiera el liberalismo moderado, precisamente, porque el marxismo ocupa el espacio que deja el agotamiento de la conjunción entre la democracia y el liberalismo. El enemigo real del marxismo es aquél que le arrebate la conducción de la clase trabajadora y los sectores populares en general a partir de una política de Justicia Social y Desarrollo Económico e industrial real, dotada de una fuerte identidad cultural nacional: un nuevo proyecto histórico centrado en la nación y la clase trabajadora como mito-idea-fuerza total. Una política desplegada en la mística de la reforma social más profunda y la elevación cultural más exigente: desarrollo económico, industrial y científico- técnico, revolución social, sentido nacional y jerarquía cultural.

10-Lo contrario del marxismo no es la apatía política ni el regreso al status quo. Precisamente, porque el status quo cayó definitivamente, es que no hay retorno para los políticos del pasado. El verdadero antimarxismo es aquél que entienda que la enemistad del marxista no es resultado de la distorsión perceptiva propia sino manifestación de la irreductibilidad del otro. El marxismo amenaza con combatir. Hay que estar a su altura. El marxismo resulta de la caída de la democracia y la economía liberal. Ésa es la altura de los tiempos y exige, para enfrentarlo con éxito, una idea viva, simétrica e inversa, igualmente intensa. Un nuevo proyecto histórico basado en el Orden, la Cultura y la Justicia Social.
 


lunes, 9 de abril de 2012

Pasar del ideologismo al pensamiento estratégico


Por Ricardo Auer

Desde hace varias décadas y pese a concepciones marcadamente opuestas, el Vaticano y el gobierno castrista de Cuba, han construido un diálogo que dejará sus huellas. Durante la presente visita papal a Cuba hubo actos multitudinarios, donde los discursos mostraron coincidencias puntuales y fuertes disidencias, tratadas a veces con sutilezas, otras en forma directa.

Todo diálogo implica coincidencias y disidencias; nadie dialoga sin debatir ideas o conceptos. No dialogar significa que la política se ha homogenizado totalmente, dejando al adversario sólo el camino de la lucha, por otros medios. El no diálogo es un camino que conduce a la confrontación, al conflicto, que siempre tiene la tendencia de escalar, lo cual hace cada vez más difícil encontrar soluciones. Los ingleses no quieren dialogar con Argentina por la soberanía de Malvinas; crearon un relato ficcional sobre la “autodeterminación del pueblo kelper”, que la hipocresía internacional tolera sin sonrojarse y que es funcional al enmascaramiento de los problemas concretos de la vida cotidiana de los pueblos.

La Argentina merece una reflexión sobre la cuestión del diálogo. Si internamente no le damos la importancia que se merece, caeremos permanentemente en la lucha interna, que sólo favorece a los enemigos externos. Todo esfuerzo por lograr una cierta unidad de concepción nacional (que algunos llaman política de estado) debe ser valorada. No para tratar temas banales; sino para ocuparse de los principios fundamentales de nuestra Identidad. El privilegio de pensar, analizar y resolver no debiera estar reservado a unos pocos; y menos aún que haya monólogos unidireccionales, con baja tolerancia a la crítica interna. Dar el ejemplo del diálogo fraterno hace más coherente el discurso externo por Malvinas.

A los políticos les agrada hacer operaciones mediáticas, buscando el rédito de corto plazo. Los estadistas saben que el mundo actual es muy complejo y por eso dialogan y se dejan asesorar hasta desde posiciones antagónicas como modo de encontrar la verdad, la sabiduría del rumbo correcto. Muchos cambios ocurrieron desde aquel mundo bipolar de los años 70, que era evidente para todos y fácil de entender. Había pocas opciones estratégicas y aunque algunos intentaban terciar (III Posición), no podían cambiar el escenario principal, marcado por las potencias dominantes de la época.

Actualmente las situaciones son mucho más fluidas y cambiantes. Las crisis económicas, sociales y políticas alcanzan a todos los países y se replican o contagian a terceros. Los países se han vuelto relativamente dependientes unos de otros. Si bien existe aún una potencia dominante en el campo militar y parcialmente en el económico, se puede decir que hoy existe una multipolaridad del poder. La presencia en el panorama mundial del grupo “BRICS” es un ejemplo de ese cambio estructural. La agenda mundial presenta bastantes problemas comunes, por lo que es difícil aislarse y buscar atajos endógenos. Hoy el conocimiento compartido es clave para enfrentar los enormes desafíos y buscar soluciones. No hay hojas de ruta claras. Las incertidumbres superan alas certidumbres. Es difícil acumular conocimiento estando aislado, ya sea del resto del mundo o de la misma sociedad, rica en posiciones diferentes, no necesariamente antagónicas, a las que se debe prestar atención.

Un mundo tan complejo y así estructurado sólo puede ser gestionado mediante el pensamiento estratégico más que el ideológico, como se ha manifestado en aquellos diálogos de La Habana y que explican el pasaje de las doctrinas de Mao ZeDong a las de Deng Xiaoping dentro de China, entre otros casos. En cualquier caso, lo fundamental ha sido siempre tratar de preservar la Identidad Nacional, modificando, en lo que fuese necesario, los objetivos de cada etapa, en particular su modelo de sociedad, reconocida por la importancia relativa que se otorga a educación, bienestar, seguridad ciudadana, ética del estado, cultura del trabajo y de pacificación nacional, sociedad abierta, tolerancia, diálogo y respeto a la verdad y a los valores, cohesión territorial, preservación de recursos naturales, competitividad, innovación y otros temas vitales para cualquier sociedad.

Durante la presente década se ha podido visualizar con mayor claridad que los Estados han sido debilitados en los años 80 y 90, por los fenómenos globalizadores, a favor de estructuras privadas muy poderosas. Argentina ha sido particularmente torpe y débil en enfrentar este fenómeno y en actuar en consecuencia para mitigarlo y darle respuestas equilibradas, como si lo han hecho algunos países vecinos. No hubo pensamiento estratégico, sino una pérfida liviandad para subirse a una moda ideológica orquestada a partir de un cambio global del paradigma tecnológico.

Ahora tampoco es posible avanzar hacia el futuro, regresando hacia el pasado; fundamentalmente porque las condiciones del mundo han cambiado. Las consecuencias negativas de lo que se hizo mal ó dejó de hacerse en su momento, deberán ser enfrentadas, con los modos actuales y no a la vieja usanza del mundo bipolar, es decir estatizando las producciones o los servicios. Recordemos que el peronismo nunca ha sido estatista a ultranza.

Para ello se necesita la creatividad de todos y la unidad interna; es decir es necesario habilitar el poder la sociedad civil, a través de las nuevas tecnologías. Para reforzar el poder del Estado (idealmente pequeño, eficiente y con alta capacidad de conducción) debe ponerse en Red a los diversos grupos de pensadores (generalistas o temáticos), que algunos llaman “think tanks”, Centros de pensamiento, u Organizaciones Libres del Pueblo. Las decisiones estratégicas deben ser analizadas en profundidad y difundidas a toda la sociedad. Debe comenzar a haber una conexión lógica entre el mundo de las ideas y el mundo de las decisiones.

Argentina dispone de numerosos Centros de Pensamiento; algunos solventados por el Gobierno y otros por entidades privadas. Existen otros que surgen simplemente por la voluntad patriótica de sus integrantes. Sin embargo no existe grandes Centros de Análisis Estratégico en los Partidos Políticos o Frentes Electorales; al menos en forma pública o publicada.

Pareciera que las ideas se reducen a lo que cada persona entienda de cada tema. Menos aún existe una Red de intercambio o debate sobre temas de la agenda pública. Los medios gráficos o televisivos solo se ocupan de exponer o poner a prueba “popular” opiniones, que en un 90 % son personales y no de grupos organizados.

Lamentablemente se ha comprobado que los criterios llevados adelante por medio de personalidades aisladas, por mas altos cargos que ocupen, o por círculos cerrados (oligarquías burocráticas o políticas), nos han llevado al fracaso estratégico (aunque hayan tenido alguna victoria táctica en el medio) y a las crisis repetitivas.

El pensamiento hegemónico es la tumba del progreso político y social; cualquiera sea su signo. Los gobernantes apelan en sus decisiones cotidianas a su legitimidad de origen, el voto popular, obtenido por mayoría simple. Pero eso no puede significar un respaldo absoluto a su legitimidad en el ejercicio del poder ya que un importante porcentaje de los votos no los hace representantes del 100% de las opiniones de la sociedad, cuya diversidad se debe respetar. Perón decía “los peronistas tenemos la mayor parte de la verdad, pero no toda la verdad”.

Cualquier manual de conducción indica que el verdadero liderazgo se organiza para descartar todo riesgo de improvisación, porque un plan no depende de aciertos casuales o temporales, sino de una suma cualitativa de logros sucesivos. Para ello debe haber un sistema de conducción, que respetando los liderazgos naturales, se manifieste como una relación de apoyo mutuo y ayuda recíproca con todos los integrantes del grupo o de la sociedad. La unidad de concepción es la que posibilita la eficacia en lograr los objetivos nacionales, sin distracciones ni incoherencias.

En otros países, de las más diversas ideologías, la situación es bien diferente. Existe innumerables think tanks que se ocupan de todos los temas. Algunos de ellos son lobbies, pero no lo ocultan demasiado. Sus opiniones son escuchadas por los gobiernos de turno; inclusive la de los “opositores”, aunque sus consejos o conceptos no concuerdan con los del grupo dominante. Su importancia es muy valorada, inclusive para sus respectivos opuestos, porque de la disidencia se aprende un mayor conocimiento. Nadie deja de reunirse con “el otro” porque piensa distinto. Cualquier aislamiento revela inseguridad de sus concepciones.

No existe una estrategia nacional sino es con un sistema de conducción asentado en la participación de la sociedad civil, de las organizaciones libres del pueblo. Esta retroalimentación positiva, requiere voluntad política y tener claro que todos los sectores deben resignar algo de sus intereses particulares. Logrado eso estaremos en una sociedad un poco más madura. La tarea de todos estos Centros de Pensamiento debe ser potenciada porque hoy son más necesarios que nunca. Sólo desde la necesaria diversidad de opiniones puede crease una verdadera y sustentable justicia social. Porque el pensamiento hegemónico tiende irreversiblemente a favorecer los lobbies y a actuar conservadoramente para mantener sus privilegios.

La diversidad en la unidad siempre es necesaria para conformar una Identidad nacional sólida, cuya estrategia de inserción internacional debe tener un cuerpo de concepciones coherentes, una planificación de sus acciones, una voz homogénea y una política de comunicaciones apropiada.