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martes, 14 de agosto de 2012

Responsabilidades bajo tierra


por Fabián Rapolla 


El sistema de transportes  representa una de las grandes postergaciones de la realidad política nacional. Y tiene su manifiesto  profundo,  injusto, en los ferrocarriles y subterráneos.  Asoma, irritante y lapidario, el  paro de subtes, en una ciudad colapsada, con efectos que suelen ser devastadores para la rutina y los nervios de millones de
             porteños y                      
                                             bonaerenses.








Un sistema de subtes obsoleto, incapaz de dar respuesta a las necesidades de más de quince millones de personas que diariamente circulan por Buenos Aires. Un sistema de subtes que ha sido objeto de subvención y recaudación a costa de una fuerte desinversión, materia por demás recurrente del kirchnerismo. 
Subsidio del costo del viaje cuya única finalidad es el rédito político y recaudación de los amigos del poder a cargo de la empresa, quienes solo se han limitado a invertir lo esencial para que el servicio continúe funcionando con un mínimo de normalidad. Trenes que salen de circulación- de hecho Metrovías acaba de anunciar el retiro de 20 formaciones-, lo que afecta directamente la frecuencia de viaje de las unidades disponibles. Unidades incomodas, gente viajando abarrotada en horas pico, instalaciones sanitarias en pésimo estado, andenes sucios, y una legión de pungistas “trabajando” con sospechosa impunidad complementan el marco de un servicio que suele ser privilegiado por su rapidez, eficacia y seguridad, en el resto del mundo. 
 Una vez más la gente pagando el precio de una disputa mezquina entre el gobierno nacional y el gobierno de la ciudad. Bien sabemos que el gobierno de la nación muy poco ha hecho nada con el desarrollo de la vía subterránea en todos los años que lleva en el poder. Ahora bien, una vez firmada el acta de transferencia del servicio de subterráneo a la ciudad de Buenos Aires el 3 de enero pasado, el gobierno porteño de modo inadmisible sigue negando su responsabilidad en la gestión de autoridad y contralor de un servicio, que vaya paradoja, se encuentra dentro de los límites de la ciudad.
Macri tiene aspiraciones presidenciales, pero no se anima a administrar una red subterránea pequeña, con una excusa pueril y hasta insultante, dice que no se han respetado las inversiones. Los que hacemos política sabemos que en la Argentina, suelen no respetarse los compromisos; sin embargo,   ello no es óbice para asumir las responsabilidades que le competen a cada quien. La decisión de aumentar el costo del boleto de subte surgió del gobierno de la ciudad. Ese es una acto de soberanía política. De ejercicio del poder. ¿Cuándo firmó el acta, no sabía Macri, que las inversiones no se habían hecho?
La firma del acta y el aumento del pasaje son hechos de una inequívoca voluntad: hacerse cargo del subte. Entonces, debe ser completado desarrollando plenamente las obligaciones que lo acompañan. Los subtes están dentro de la ciudad y son, inclusive una buena oportunidad para el macrismo de demostrar que con ingenio y buena administración, se puede mejorar un servicio largamente postergado.
Pero se ha elegido el camino del cristicinismo, entrando en su juego de  pelea, eligiendo la confrontación. Pareciera que si asume la conducción del subte se estaría dejando avasallar por el poder kirchnerista. Ya sabemos que Cristina solo gobierna para los que están con ella. Los porteños somos rehenes azorados de sus políticas segregacionistas y desgastantes para con el macrismo. Cristina gobierna para sí, pero Macri cae en lo mismo; ambos miran su propio ombligo y terminan siendo prisioneros de su propia intolerancia.
Y siempre la gente como victima del salvajismo político. Los trabajadores del subte que no acceden a su bien ganado aumento salarial (la pretensión es de un 28%, un nivel acorde al del resto de los trabajadores) Y la población general que sucumbe ante un tránsito desbordado, causando innumerables padecimientos de toda índole. Si la excusa de que “mi antecesor no hizo lo que prometió”, fuera políticamente válida, aún seríamos una aldea.
La grandeza del General Perón residía en que siempre gobernó para la unidad nacional. Y fue lo que nos transmitió permanentemente: gobernar para la gente. Perón gobernó para todos los argentinos y estableció un proyecto para el conjunto.
Quisiera cerrar con un poco de peronismo para todos, especialmente para Cristina y Mauricio: “El espacio donde operará el movimiento peronista será entonces el de la comunidad integralmente concebida  con una vocación totalizadora y el partido, en tanto, una institución más… “.(Política y Estrategi as, pag. 53)  A  estudiar…

viernes, 6 de julio de 2012

Ganancias, una deuda social


Por Fabián Rapolla

El impuesto a las ganancias de los trabajadores, se encuentra, una vez más en el ojo de la tormenta. Es el estandarte de batalla de Hugo Moyano. Es su mérito haber trascendido a la sociedad con esta temática, involucrándola en su disputa con el gobierno.
La bandera que tomó el líder de la CGT para convocar a sectores diversos, que hartos de la política sesgada y  abusiva del ejecutivo, han cerrado filas en torno a una cuestión evidentemente sensible al trabajador argentino. Es muy difícil de defender un impuesto que grava la fuerza de trabajo de las personas y equipara ello a la utilidad que obtiene una empresa. Es de estricta justicia social considerar al salario como la justa retribución que recibe el trabajador por la labor realizada. Gravar el trabajo, es socavar los cimientos de construcción equitativa de una sociedad. Es no respetar a millones de personas que a diario entregan su esfuerzo, a cambio de un salario que les permita vivir dignamente.
 Ya de por sí, con la inflación reinante y el altísimo impuesto al valor agregado, el salario sufre un menoscabo importante. Ni siquiera se trata de mínimo no imponible. Se trata de que en una sociedad con justicia social, el gobierno nopuede sostener un régimen que termina perjudicando  a los más desprotegidos del andamiaje socioeconómico
¿Como puede ser que los inversores de títulos públicos  y los ahorristas de plazos fijos no paguen ganancias? ¿Desde cuando, en los parámetros de una sociedad justicialista,  la fuerza de trabajo es considerada una renta empresarial, sujeta a tributación? Para el gobierno es una caja más.
Por eso, Juan Manuel Abal Medina dice que es gorilismo defender a los trabajadores que tributan. Claro, es una caja importante, muy importante; a la que aportan alrededor de dos millones de trabajadores. Asimismo, se producen injusticas difíciles de entender como el hecho de que un trabajador que tributa ganancias no tiene derecho a percibir las asignaciones familiares. Inconcebible.
Este modelo hace agua, cada vez más. Si el 81 por ciento de los trabajadores no tributa es porque gana menos de cinco mil doscientos pesos. Salario, que con la inflación anual no permite llevar, precisamente una vida muy digna. Está claro entonces, que luego de ocho años el único bolsillo que se ensanchó fue el  de La Cámpora y compañía.
El impuesto a las ganancias es símbolo de la lucha desatada entre el gobierno y la CGT. Gobierno que saca a gendarmería a la calle para reprimir manifestaciones de trabajadores. Gobierno que se llena la boca con inclusión y políticas para todos pero que socava la capacidad adquisitiva y de ahorro de la gran masa de asalariados, a través de una política abusiva de tributación, casi asfixiante para los sectores de más bajos salarios.
El trabajador ha pasado a ser una fuente más de recaudación impositiva. El impuesto es claramente ilegitimo ya que la ganancia no es producto de una cosa sino de la fuerza de trabajo aportado, por lo que no puede ser equiparada al enriquecimiento que genera una actividad empresaria o lucrativa. Se trabaja para vivir. Al gravar el salario se está imponiendo tributo a la necesidad de vivir.

Pero el  kirchnerismo, ciego y corrupto, hipócrita y negador,  necesita seguir recaudando para sostener sus estructuras de poder, alimentadas en la horda desesperada del egocentrismo mesiánico.  Los peronistas creemos en los fundamentos plasmados en la constitución de 1949. Es dable recordar a esta gente que gobierna, lejos del peronismo ya, lo que la mencionada Carta Magna, refería respecto al trabajo:
 Articulo 37: “Decláranse los siguientes derechos especiales: I.- Del trabajador: 1.-Derecho de trabajar: el trabajo es el medio indispensable para satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad, LA CAUSA DE TODOAS LAS CONQUISTAS DE LA CIVILIZACION Y EL FUNDAMENTO DE LA PROSPERIDAD GENERAL, de ahí que el derecho a trabajar debe ser protegido por la sociedad, CONSIDERANDOLO CON LA DIGNIDAD QUE MERECE, y proveyendo ocupación a quine la necesite. 2.-DERECHO A UNA RETRIBUCION JUSTA: siendo la riqueza, la renta y el interés del capital frutos exclusivos del trabajo humano, la comunidad debe organizar y reactivar las fuentes de producción en forma de posibilidad y GARANTIZAR AL TRABAJADOR UNA RETRIBUCION MORAL Y MATERIAL QUE SATISFAGA SUS NECESIDADES VITALES Y SEA COMPENSATORIA DEL RENDIMIENTO OBTENIDO Y DEL ESFUERZO REALIZADO.”
Lo cierto es que con Moyano en la calle movilizándose, junto a Barrionuevo, están obligando al gobierno a afrontar el tema de ganancias. Si lo eluden, el reclamo popular crecerá. El moyanismo forzó al gobierno, a definirse con este tema. La presidenta, salió a rechazar cualquier negociación al respecto. Está claro, que esta vez al gobierno, le tocó perder. Porque un  gobierno popular, no juega con el bolsillo de su pueblo.
Gobierno de las políticas inclusivas, pero que en los hechos, gobierna desde la intolerancia y condena y persigue al que piensa diferente.  Hoy le toca a la CGT y sus dirigentes,  perseguidos y denunciados penalmente. El kirchnerismo, cultor del resentimiento más exasperado, se muestra tal cual es. La defensa del trabajo y de los trabajadores es la razón de ser del peronismo. La CGT, columna vertebral del movimiento, lo tiene claro. Y si bien no deja de subyacer en esta disputa un duelo de intereses y resquemores personales, lo cierto es que Moyano y sus aliados cuentan con una ventaja: la justica del reclamo.
En este momento viene a mi una maravillosa frase del General Perón:” Cuando los pueblos se deciden a la lucha suelen ser invencibles… “

sábado, 16 de junio de 2012

Y así seguimos andando


Por Fabián Rapolla

Una estrofa, una canción y los muertos de la vergüenza y la injusticia, con nosotros, cada día. Los muertos del tren, los de septiembre, los de febrero. Los muertos de la perversidad. La de un gobierno y la de un empresariado, aliados en el vaciamiento  de una de las trazas ferroviarias más importantes,  “el Sarmiento”. La decisión de la presidenta de revocar la concesión de TBA, no redime ni tapa uno de los entramados de corrupción más grandes de este “modelo”.  No hace desaparecer ni justifica la complicidad gubernamental en la tragedia. Otra vez, y  van….El gobierno tira la pelota fuera de la cancha. De hecho, en la causa contra el ex Secretario de transporte,  Jaime, surgen claros indicios de coimas pagadas por los Cirigliano, amén del desmesurado crecimiento económico de este grupo, a partir del uso indebido de  los fondos girados por el Estado para el mantenimiento de las líneas Sarmiento y Mitre.

La desinversión es una muestra de la falta de proyecto. De hecho no se planifica inversión; simplemente por que no les interesa ni les interesó, jamás, el crecimiento real de la Patria. Un país que se desarrolla, un país que apunta a objetivos de crecimiento industrial dedica un esfuerzo importante al  mantenimiento, crecimiento y mejoramiento de su red ferroviaria. Un modelo que está con el pueblo escucha la voz del pueblo. La del que viaja en condiciones indignas, la del que hace rato dijo basta y empezó reclamar mejoras básicas, pero sustantivas en el servicio. Servicio, que recibe un subsidio ciego del Estado, sin ningún tipo de control en cuanto a su destino,  y que solo sirvió para que funcionarios y concesionarios se enriquecieran impunemente y que estos últimos, pudieran seguir comprando y/o creando otras empresas de transporte; todo ello a expensas de la integridad de la gente.

Hay que barajar y dar de nuevo. Una vez más. En el dolor de una tragedia que se debió haber evitado, con heridas que no dejan de sangrar, resulta imperativo comenzar a trabajar en un plan ferroviario nacional.

El transporte seguro de la población es un derecho humano básico. Cambiar el collar al perro para que todo siga igual es historia conocida en la Argentina. No es esperable que este gobierno, mero administrador de un status quo estructural y cultural, genere cambios significativos en el desarrollo de los ferrocarriles. El problema no es la concesión; el problema es un estado ausente. El ferrocarril es política publica fundamental.  La administración en manos privadas ha fracasado. Rotundamente. El ferrocarril debe estar en manos del Estado. El Estado debe proveer a su calidad, mejoramiento, desarrollo vial, de medios, servicios  e infraestructura.

Este modelo mixto, donde el Estado subsidia su propia corrupción junto con la ajena, ha dejado muertos. Y eso no  se puede perdonar. Ni olvidar. Que esta historia no se repita. Duele ver a un gobierno supuestamente popular, que en la práctica, con sus políticas espurias de corrupción y desatención  al servicio, ha sido participe principal de la tragedia de Once.

Ocho años han sido más que suficientes para generar cambios reales. Pero no lo han hecho, solo nos han vendido humo. Este gobierno representa un sistema. El del apriete, el de las cajas, el del consumo sin respaldo, el de la violencia verbal y el resentimiento constante. Pero un sistema no es un modelo. Un sistema es un conjunto de mecanismos unidos detrás de una voluntad. La de la Presidencia, en este caso. En cambio, un modelo responde a una ideología y una ideología se desarrolla a través de una doctrina. Ese es el verdadero modelo peronista.

El desarrollo industrial de la Nación ha de traer aparejado, inevitablemente, el auge de la infraestructura vial. Y esta se paga sola, con el mismo crecimiento.  Necesitamos un gobierno y un peronismo dispuestos a abarcar la etapa de la industrialización y el pleno desarrollo.  Fundamentalmente, desde la honestidad, desde la generación de ideas reveladoras, desde la amplitud del trabajo conjunto con los sectores sociales, de la mano de la gente, no llevando a la gente de la mano.

Que nuestros muertos de Once sirvan para no seguir retrocediendo.  Son trabajadores, son los muertos del pueblo, una vez mas las víctimas dela asociación ilícita entre la corrupción  estatal y la impunidad empresarial privada. Una vergüenza más del “modelo”. Seguramente lejos del peronismo, muy lejos.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Todo cambia


Por Fabián Rapolla


Todo cambia. La sucesión de acontecimientos que constituyen hoy el devenir sociopolítico argentino demuestran la necesidad de crecimiento real y global. Es una demanda contundente dela población. De los tiempo actuales. De la gente, cansada de esperar. No podemos seguir retrasándonos. Se crece con políticas a largo plazo, donde los gobiernos son actores secundarios de una obra mucho más grande que ellos, la Patria. A esta altura es claro que,  esto, no resulta materia de preocupación para estos gobernantes.  Ya dijera Perón que no se vence con violencia, se vence con inteligencia y organización. Recursos que hoy no parecen sobrar en la dirigencia política en general. Este gobierno, de discurso violento, refractario a todo opinión distinta, virulento, miope y demagógico,  ha demostrado que es solo un mal y engañoso administrador de la cosa publica. No un generador de políticas serias.

Esta sociedad grita por desarrollo. Es un momento para aprovechar. El modelo peronista de desarrollo es el de la comunidad organizada. Este “modelo” que hoy se nos pretende imponer, es una farsa, un modelo junta cajas y consumista. La Comunidad se desarrolla a través un plan nacional, no a partir de las necesidades personales de los miembros de un gobierno. La comunidad organizada es la realización plena del peronismo y la Nación. El modelo nacional se sostiene con políticas de estado. Estas nos llevan al crecimiento equilibrado y generalizado a través del tiempo. La crisis energética, la sinrazón ferroviaria, los enormes bolsones de pobreza, la desocupación y el trabajo en negro, la ausencia de una industria nacional competitiva a nivel mundial, la ausencia de organización en la seguridad ciudadana, son el triste resultado de una política que desde hace décadas mira su propio ombligo.

Hablamos de políticas de estado;  hablamos de políticas jerarquizadas en lo institucional, políticas continuas, permanentes, que no se interrumpen. En primer lugar el desarrollo industrial a través del establecimiento de diversos polos productivos. Esto, de por sí, lleva a proporcionar la distribución y explotación de riquezas y el abanico demográfico nacional. Inversiones extranjeras y fundamentalmente una política contundente de créditos blandos para fomentar la nueva industria nacional y de capitales mixtos.  Hoy se combate la importación a través de medidas apresuradas, con el único fin de obtener un superávit comercial, como siempre, basado en el proveedor modelo agro exportador. Pero de industria, ni hablar.

Paralelamente, es imperioso terminar con la pobreza. Ya hablamos en la primera edición, de la necesidad de erradicar este mal estructural. El modelo de subsidios y distribución prebendaria está agotado. Las elecciones pasan pero el hambre queda. Determinar un esquema social general, a través de equipos profesionales, planes de vivienda accesibles y /o gratuitos e inserción laboral sostenida son algunos de los engranajes de este complicado mecanismo,  tendiente a poner a los pobres en un lugar de completa dignidad, para que, justamente, dejen de serlo.

Política educativa, con una reformulación de planes de estudios  acorde las necesidades sociales en todas las áreas. Fuerte incremento del presupuesto con mejoras edilicias, modernización del material de trabajo y jerarquización de sueldos docentes. En las políticas educativas se deberá tener en cuenta también, las necesidades de desarrollo de la Nación. Los contenidos deben aproximar a los estudiantes de todos los niveles a la discusión sociopolítica y cultural cotidiana. El crecimiento nacional puede encontrar grandes logros cuando se fomenta el pensamiento junto a la acción. El desarrollo y auspicio de las disciplinas deportivas amateurs debe ser considerado también en este punto. Los congresos pedagógicos regionales y nacionales  son uno de los instrumentos que tal vez puedan sostener este pilar de las políticas de estado.
Política de desarrollo energético. El autoabastecimiento en gas y petróleo y la exportación de hidrocarburos como uno de los factores de reubicación del país en situaciones estratégicas de poder a nivel hemisférico. Esta política resulta vital para completar el desarrollo industrial.

Política de salud. La red hospitalaria debe ser reacondicionada  conforme tecnología y equipamiento de punta. Se debe fomentar la investigación médica y científica y establecer planes de salud gratuitos,  obligatorios e integrales para el conjunto poblacional.

Política de seguridad.  Debemos repensar la funcionalidad de cada fuerza de seguridad (a través, también, de la investigación, el equipamiento y el entrenamiento profesionalizado y actualizado) considerando las nuevas modalidades delictivas, cada vez mas violentas. Se debe considerar, también, el buen aprovechamiento territorial de cada fuerza y la problemática que representa el auge y establecimiento en el país de delitos con aristas internacionales, como la trata de blancas, el narcotráfico y carteles extranjeros, tráfico de órganos y niños, atentados de grupos terroristas extranjeros.

Política exterior.  Debemos trabajar principalmente, desde el fortalecimiento del bloque regional; a su vez hay que reforzar el protagonismo en espacios como el G-20. Es fundamental la promoción cultural, turística industrial y comercial de la nación en los foros y organismos internacionales. Tender, asimismo, a que la Argentina sea partícipe necesario en la discusión de las políticas mundiales.  Para ello es importante aceitar los vínculos con el medio Oriente, con China y con los Estados Unidos. Indudablemente Malvinas debe ser agenda en  cada foro. La presión constante sombre los intereses ingleses debe ser la herramienta fundamental a utilizar, hasta llevarlos a una mesa de negociación seria. La política exterior es inclaudicable y denota la madurez como Nación.

A grandes rasgos desarrolladas, estas políticas, sostenidas en el tiempo, determinan presente y futuro, dan solidez y credibilidad interna y externa y  nos preparan para desafíos  superadores. Estas políticas evitan antinomias coyunturales y nos proyectan a los grandes cambios. Nos dan sentido de pertenencia y aumentan nuestra fé en la Patria. Nos conducen a un destino cierto, de real unidad.

lunes, 9 de abril de 2012

Pobreza: unidos o dominados


Por Fabián Rapolla

Recuerdo la frase de Evita. Una vez. Y otra vez. En la interrogativa soledad de un niño sucio y descalzo que camina por plaza Francia: “Donde hay una necesidad hay un derecho agraviado”. La pobreza hiere, lastima, insulta…hasta sangrar. En la Argentina la pobreza, hace más de un siglo que detenta carácter estructural. Tristemente. Ha sido y es objeto de análisis, mediciones, supuestos estudios profundos, planes asistenciales, pero lo cierto es que, con excepción de lo realizado por el Gral. Perón en sus dos primeras presidencias, nadie, con  posterioridad, ha intentado erradicarla. Nadie ha intentado eliminar las causas que la originan y nadie ha intentado seriamente, llevar a los pobres a un claro y estable nivel de dignidad tal como el que gozan el sesenta por ciento de los argentinos. Este porcentaje a muestra que cerca de dieciseis millones de connacionales viven en situación de pobreza. En la Argentina solo se la ha administrado, casi como si fuera un recurso. De hecho lo es. El asistencialismo y los planes sociales han servido para que los que la padecen sean herramientas útiles al servicio de la dirigencia política y económica. Por supuesto que la responsabilidad no es sólo de la clase dirigente. La pobreza institucionalizada, ya es patrimonio del entramado social nacional.

Y con la pobreza, la marginalidad. La pobreza que se convierte, paradójicamente en  objeto de culto de aquellos que la sufren. Simplemente porque ya no creen merecer otra vida mejor. O que ello sea posible. Esto es la resultante de un largo, fino y perverso proceso llevado a cabo por sectores sociales económicamente favorecidos que junto a sus aliados mediáticos de oportunidad, han pergeñado, muy solapadamente, el argumento cultural de que la pobreza es justificable, que poco se puede hacer ante ella y que, en fin, es parte de las divisiones sociales. Divisiones que tienen como objeto final sostener el asombroso  conjunto de intereses de las grandes corporaciones económicas, financieras, industriales y terratenientes. Este proceso perverso, ejercido a través de décadas y décadas de opresión y destrato hacia los desposeídos ha generado que la sociedad no vea con tan malos ojos la pobreza y que por ende la  acepte como un hecho más de la vida.

La estructuralidad, como hecho psico-socio-cultural de la  sociedad argentina se muestra en las descalificaciones cotidianas, que desde hace décadas, sufren los pobres (negros o cabecitas) a manos del resto de la sociedad.

El aspecto institucional de la estructura de pobreza lo marca el sostenimiento de la misma por parte de los distintos gobiernos que nos han sucedido, con la excepción ya referida.

De la pobreza no se sale solo con medidas económicas, solamente. Su estructuralidad de ya más de cien años, ha generado una conciencia de terrible opresión en las mentes de los que la padecen. La sensación de que la misma es un destino irremediable solo puede ser desarraigada a través de un trabajo lento y paciente que establezca, gradualmente, un sistema educativo y cultural-sobretodo- novedoso, que acople definitivamente a los sectores marginados con el resto de la sociedad. Que inserte y sostenga,  principalmente que sostenga.

Para los sectores medios, en  general, la pobreza es una incomodidad. Se percibe en el discurso cotidiano. Sintonía fina que le dicen, ahora. Ese discurso elegante, educadamente pulido-a veces- pero que conlleva en sí, la marca de un pensamiento segregacionista.  “Ellos son otros, no somos iguales, no tenemos nada que ver, nada nos identifica, ni siquiera el hecho de vivir en el mismo país”. Este pensar, es, sin dudas, el corazón de la estructuralidad en cuestión.

Esto ha sido exacerbado en el campo político. Los sectores progresistas usan al desposeído como bandera de lucha y reavivan en ellos el dolor de ser y el resentimiento de no ser. Los sectores liberales, alineados al poder económico, alimentan un discurso de pretendida libertad mientras fijan  políticas recesivas y opresivas, que en la práctica no han hecho más que ahondar la pobreza y marginalidad estructurales.

La marginalidad es hija de la pobreza. Los indigentes, los niños de la calle, las familias de las plazas y baldíos, los “trapitos”, los limpiavidrios, la prostitución,


la trata de blancas, la delincuencia juvenil, las bandas callejeras, la violencia en espectáculos públicos, las barras bravas, los adictos que sobreviven a las puertas de toda barriada marginal y que ven como la vida se les va entre dosis y dosis; todos ellos son manifestaciones y actores principales de la marginalidad. Representan la locura de la pobreza, el grito desesperado en una sociedad que intenta esconder a sus muertos en el placard.

Una estructura no se remueve tan fácilmente. Es un proceso lento que requiere tiempo. Requiere de otra estructura. Principalmente, de una estructura política, firmemente decidida en su discurso y en su acción. Finalmente, requiere de un honesto e incisivo plan sociológico, cultural, educativo y psicológico. Requiere paciencia, y perseverancia. Y una presencia permanente del Estado, acompañando el crecimiento de los postergados. Los recursos económicos están. Falta la decisión política global. ¿Un nuevo pacto, tal vez?

Existen ciertas medidas, bien concretas, que se pueden instaurar.  Por supuesto, ello deberá ser acompañado por la voluntad del conjunto político. A saber:

Determinar como política de estado, a través de un pacto social, la erradicación completa de la pobreza.
Desarrollar entre cinco y seis polos industriales a lo largo de todo el país. Entre el Estado y las industrias se deben crear centros de capacitación específicos donde el ingreso de las personas en situación  de pobreza sea de prioridad absoluta.
Establecer convenios entre el Estado y estas empresas, por los cuales ingresen a estas últimas, personas desocupadas en situación de pobreza. El Estado se hará cargo de un porcentaje del salario durante los dos primeros años. De este modo se subsidia el trabajo y no el status quo de la pobreza.
Favorecer el crédito blando a pequeñas y medianas industrias y emprendimientos comerciales novedosos y/o necesarios para el desarrollo de áreas vitales de la economía nacional.
Favorecer el crédito hipotecario masivamente.
Reorganizar el sistema educativo, estableciendo contenidos teóricos y prácticos que apuntalen la integración y equidad social, el desarrollo de valores espirituales, el fomento de talentos y capacidades personales, los derechos inalienables  (salud, educación, trabajo, vestimenta, vivienda, justicia, esparcimiento),  entre otros.
Fomentar a través de un sistema de becas integral (cuota, material de estudio, viáticos y salario para estudiar) el ingreso de personas en situación de pobreza a universidades públicas, privadas y centros de estudios terciarios especializados.
Crear un cuerpo permanente interdisciplinario compuesto por asistentes sociales, psicólogos, operadores terapéuticos, sociólogos y médicos que trabajen en el seguimiento de las problemáticas y necesidades de toda la población en situación de pobreza y marginalidad (salud, educación sexual, violencia de género y familiar, adicciones, familias disfuncionales, niños y adultos con capacidades diferentes, etc). Estos deberán operar en centros asistenciales ubicados dentro de los barrios en situación de pobreza.
Desarrollar un plan de formación artística y cultural a través de la creación de centros artísticos en los barrios carenciados,  que trabajen coordinadamente con centros de formación artística y cultural públicos y privados reconocidos, de modo permitir la inmediata inserción en estos últimos, de aquellas personas que se destaquen en las distintas disciplinas.  
Desarrollar centros de formación y capacitación deportiva, profesional y recreativa, en los barrios carenciados, que trabajen coordinadamente con instituciones deportivas reconocidas,  de modo permitir la inserción inmediata en estas de aquellos niños y jóvenes con habilidades notorias en las diferentes disciplinas.
Crear dentro de estos barrios centros de formación que brinden capacitación gratuita en diferentes oficios y profesiones, con salida laboral garantizada por el Estado.
Desarrollo de un plan nacional de viviendas gratuitas para personas en situación de pobreza.
Desarrollo de los puntos anteriores en un plan de propaganda en todos los medios.  Organizar campañas publicitarias educativas de políticas que fomenten la igualdad social y de oportunidades y la erradicación definitiva de la pobreza.
Fomento de cooperativas de trabajo en los barrios carenciados, con financiamiento del Estado.

La justicia social implica equidad social. Y ello, igualdad de derechos y oportunidades. Igualdad como miembros plenos de esta sociedad. El catalizador del proceso de cambio es la educación. Y la cultura. La expansión artística, la libertad y el amplio desarrollo educativo y cultural, son determinantes para gestar y sostener el cambio. Sólo se puede evolucionar hacia otra estructura de pensamiento  trabajando en todos los estamentos sociales. Fundamentalmente con las nuevas generaciones.

La acción sostenida y sistemática en el conjunto social, reemplaza las carencias naturales, los temores y las mismas desavenencias que puedan surgir en el proceso de transformación. Romper con el determinismo  que ha colocado a la pobreza en el lugar de lo institucionalizado, implica un obrar conjunto de pensamiento y acción.  Ya sabemos, largamente, que la pobreza no se soluciona con estudios ni retóricas. Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar.  ¿O no, argentinos?